La Hégira en la mezquita de Gili Trawangan
Ese día Ruth se iba a hacer su bautismo de buceo y yo me quedaba en la isla, así que el plan era alquilar una bici y dar la vuelta entera sin prisa. Lo que pasó antes de eso es lo que me llevé del día.
Viajamos a Indonesia en septiembre de 2024, con un cambio medio de 17.000 rupias por euro.
La bici
Desayunamos en la calle principal, unos banana pancake con miel y el buffet de zumo y cereales, y Ruth se fue a la escuela de buceo. Yo volví al hotel a por la bici.
El día anterior el chico del hotel nos había estado enseñando muy orgulloso sus bicis nuevas, y esa mañana me dijo que todavía las tenían que preparar y que me alquilaba otra. La otra estaba hecha polvo, casi no frenaba y el cambio iba a su aire. 50.000 rupias, unos 3 euros. No discutí y me la llevé, que la isla es llana y son cinco kilómetros.
Por qué acabé en la mezquita
Desde primera hora se oía un discurso por megafonía en toda la isla, y llevaba oyéndolo desde que me levanté. No era la llamada a la oración, era alguien hablando y hablando, así que en vez de tirar hacia la playa fui a ver de dónde salía.
La mezquita estaba a tope. Fuera había mucha gente, sobre todo mujeres y niños, porque dentro no cabía nadie más.
Aparqué la bici y me metí. Nadie me dijo nada. Alguno me miró y me sonrió, y ya está. Hice unas cuantas fotos desde atrás, sin acercarme mucho.
Lo que vi
Estaba hablando el imán, y la gente escuchaba sentada en el suelo. En un momento empezaron a llamar a algunos adolescentes y a entregarles lo que parecían premios o diplomas, con chicos y chicas mezclados dentro de la sala.
No entendía una palabra de lo que se decía y en ese momento no encontraba a nadie que hablara inglés, pero el ambiente era el de una entrega de premios de fin de curso en cualquier sitio, con las familias mirando desde fuera.
Qué se celebraba
Pregunté después y me dijeron que era la Hégira, que es la emigración del profeta Mahoma de La Meca a Medina y el punto de partida del calendario musulmán, el momento en que se forma la primera comunidad, la umma.
Lo cuento como me lo contaron, con una pega que anoté ya ese día en el diario y que no he sabido resolver: no tengo claro que fuera el año nuevo islámico, porque las fechas no me cuadran del todo con el calendario. Puede que fuera un acto de la comunidad de la isla o de la escuela coránica alrededor de esa conmemoración. Prefiero dejarlo así antes que contároslo con una seguridad que no tengo.
Lo que sí sé
Que entré en una mezquita llena, en una isla que no conocía, un día de fiesta para ellos, sin avisar y sin preguntar, y que lo peor que me pasó fue que un señor se apartara para hacerme sitio.
Me ha pasado lo mismo en Irán durante el Muharram, en las mezquitas de Isfahán y en una misa de Dakar. Cada vez que he entrado en un sitio así con la cara de no saber qué hago, alguien me ha hecho un gesto para que pase.
Después me di la vuelta entera a la isla con la bici estropeada, leí un rato en un bar de la playa y comí un ramen buenísimo en un coreano. Por la tarde fui a buscar a Ruth, que salió del agua flipando con todo lo que había visto.