Qué ver en Dakar en dos días
Dakar fue nuestra puerta de entrada a África occidental y la ciudad donde entendimos que este viaje iba a ser distinto. Es ruidosa, está en obras por todas partes y no tiene un centro histórico bonito que recorrer con un mapa. Pero tiene dos museos que valen el viaje, un barrio que es una lección y una calle de puestos donde comimos por menos de un euro.
Es el primer contacto con gente que es extremadamente amable, que te ayudan en lo que pueden. Dakar tiene más cosas que ver pero nosotros solo estuvimos en la zona sur de la ciudad, después nos fuimos a Saint Louis pensando pasar unos días al final del viaje pero los planes fueron cambiando y no volvimos a la ciudad, por lo que os contamos lo que nosotros vimos, pero hay más.
El museo que hay que ver sí o sí
El Museo de las Civilizaciones Negras es de lo mejor de Dakar y una de las mejores visitas del viaje entero. Es grande, moderno y mezcla colecciones antiguas con arte contemporáneo, que es justo lo contrario de lo que uno espera de un museo así. En el centro del hall hay un baobab de metal enorme, árbol que es un símbolo del país, y en las salas nos encontramos una muestra de la emblemática serie de los luchadores Nuba del célebre escultor senegalés Ousmane Sow, un escultor que trabaja con fibra de vidrio. También una exposición fotográfica de músicos africanos del fotoperiodista Samuel Nja Kwa y varias exposiciones fotográficas más de estilo artístico como Angele Essamba.
Hay una pieza que se te queda dentro: una plantación de algodón hecha de plantas de metal, con algodón de verdad en el interior. No hace falta que nadie te explique de qué habla.
La entrada cuesta 3.000 CFA, unos cinco euros.
El otro museo, el de 1938
El IFAN, o Museo Théodore Monod, es lo contrario: uno de los museos más antiguos de África, en un edificio colonial que merece la pena por sí mismo. La entrada es más cara, 5.000 CFA, y la colección es pequeña, pero tiene una colección de máscaras ceremoniales de gran importancia y las tallas de madera valen la visita. Y dejan hacer fotos, que no es poco.
La Medina y una lección sobre la cámara
Del centro se va andando al barrio de la Medina y a la gran mezquita. Aviso: la mezquita no tiene ninguna gracia por fuera y la encontramos cerrada. El barrio es otra cosa. Miles de puestos, casi todo made in China, y gente muy insistente ofreciéndose a ayudarte, es lo normal en una zona de comercio tan grande, podéis aprovechar para charlar un poco con la gente, es muy maja y después simplemente mirar sus comercios pero no estáis obligados a comprar nada, lo aceptan amablemente. Éramos los únicos blancos y yo llevaba la cámara al hombro, que allí es como llevar un cartel luminoso.
Ahí aprendimos algo que condicionó todo el viaje: en Senegal a la gente no le gusta que la fotografíes. Pedí permiso a un chico que cargaba un autobús desde el techo, y al disparar me cayó la bronca de otro que estaba abajo. Le enseñé alguna foto para que viera que no era nada raro, después me pidió dinero pero no le di nada y nos fuimos sin problema, es la única vez que me ha pasado en todo el viaje. La lección que saqué es que hay que ser firme y educado a la vez.
La catedral, el Instituto Francés y la vida
La catedral, que en realidad es la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, la pillamos con una misa a rebosar. Los colores de los vestidos de las mujeres son un espectáculo, aunque a los cinco minutos vino un segurata y nos invitó a salir.
Y el mejor descubrimiento no estaba en ninguna guía: el Instituto Francés, a diez minutos andando de nuestro apartamento. Entrada gratis, bar, restaurante y música en directo. Fuimos dos veces, y una de ellas coincidió con un partido del mundial que puso el sitio en modo fiesta.
También hicimos un free tour desde la plaza de la Independencia. Fuimos los únicos, así que acabó siendo guía privada. Recorre el mercado Kermel, el palacio presidencial, la catedral, el ayuntamiento, el puerto y el mercado Sandaga. Siendo honestos, es más mercado que historia, pero se agradece para orientarse el primer día.
Dónde comer
Aquí Dakar gana por goleada. En un restaurante de barrio cenamos yassa de pollo, que es arroz blanco con verduras, un guiso de cebolla y pollo asado, riquísimo y baratísimo. Probamos también el mafé, el guiso de cacahuete, y el dibi poulet, pollo marinado en mostaza y especias que después asan, que fue de lo mejor que comimos en todo el viaje. Y en la calle, un plato de arroz para compartir puede costarte poco más de un euro.
Un apunte práctico: la SIM de Orange cuesta 500 CFA con 3 Gb y hace falta el pasaporte. Y el taxi desde el aeropuerto hasta el centro nos costó 30.000 CFA llegando de noche, que es cuando peor se negocia. Todos los precios del viaje están en nuestra guía de cifras reales.
Desde Dakar sale también el barco a la isla de Gorée, que merece su propio artículo y su propio día.