Saint-Louis, con las expectativas en su sitio
Saint-Louis aparece en todas las listas de imprescindibles de Senegal, con sus fotos de casas coloniales de colores y su Patrimonio de la Humanidad. Nosotros llegamos con dudas y nos volvimos contentos de haber ido, pero conviene ajustar la idea que uno se hace, porque la ciudad no es lo que parece en las fotos.
Cómo llegar
Desde Dakar son unas cinco horas. Nosotros fuimos en sept-place, los taxis colectivos de siete plazas, por 8.000 CFA por persona, aunque nos tocó una furgoneta de doce plazas en lugar del típico Peugeot, lo que se agradece. Salen de la gare de Baux Maraîchers, en Pikine, y hay que ir temprano.
Para la vuelta a Dakar cogimos el autobús de Dem Dikk de las siete de la mañana, que sale de Pikine Guinaw Rail, detrás de una gasolinera. Va mucho más cómodo. Un aviso importante: su aplicación solo permite pagar con Wave, que exige cuenta bancaria africana, así que tuvimos que comprar los billetes a través de un intermediario y nos costó 11.000 CFA los dos billetes más 5.000 de comisión. Desde la gare hasta la isla, taxi por 4.000.
La isla colonial: bajad un poco las expectativas
Aquí va la parte honesta. La zona colonial está bastante más deteriorada de lo que esperábamos. Hay edificios preciosos, sí, pero muchos otros están medio caídos, y la imagen de ciudad perfectamente restaurada que uno lleva en la cabeza no se corresponde con lo que hay.
Dicho eso, nos gustó mucho. Es una isla tranquila, un oasis si vas después de unos días en Dakar, sin apenas tráfico, que se recorre entera a pie en una tarde, y con una particularidad que no esperábamos: al día siguiente ya te conoce todo el mundo. Fuimos en temporada baja, con poquísimos turistas, y eso tiene sus dos caras. Se agradece la calma, pero también significa que hay bastantes cosas cerradas.
Guet Ndar, el barrio de los pescadores
Cruzando a la lengua de tierra está Guet Ndar, el barrio de los pescadores, y es lo más impactante de la ciudad. Madrugamos para ver la venta del pescado y el movimiento de las pirogues en la playa. La primera sensación es dura, hay muchísima basura, mucho más que en la parte colonial, y el olor es fuerte, así todo la escena es impactante, centenares de barcos de madera más o menos coloridos en la playa, gente descargando pescado, comprando, recogiendo, sacando barcos del agua, etc.
A mí me interesó tanto que me quedé con ganas de patearlo más tiempo. Aviso para quien lo lea, es un barrio vivo y muy poblado, no un decorado, y conviene ir con respeto y sin cámara en ristre.
El MuPho, el museo de la fotografía
Si hay un motivo para venir a Saint-Louis siendo aficionado a la fotografía, es este. El MuPho no es un edificio, son ocho espacios repartidos por la isla, todos restaurados y llenos de fotografía africana. La exposición del edificio principal y la del número cinco son las que más nos gustaron, el proyecto en sí mismo se merece un artículo solo para él.
Ese museo nos dio, además, una de las mejores noches del viaje, pero eso lo contaremos en otro momento.
Dónde comer
Comimos muy bien en todos los sitios que probamos, que no siempre pasa. Destacamos unas gambas a la saintlouisiana que estaban buenísimas, y hay desde restaurantes de pescado hasta una crepería que funciona muy bien para cenar y un pequeño restaurante vegano que cocina de muerte.
Entonces, ¿merece la pena?
Sí, con dos condiciones. La primera, ir sabiendo que verás una ciudad viva y desgastada, no un museo al aire libre. La segunda, tener en cuenta la distancia: son cinco horas de ida y otras tantas de vuelta desde Dakar, así que no tiene sentido para una escapada de un día. Nosotros dormimos tres noches y se nos quedó corto.
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