El MuPho de Saint-Louis, un museo repartido por toda la isla
Llegamos al MuPho un domingo a las diez de la mañana, después de madrugar para ver a los pescadores de Guet Ndar, y lo primero que pensamos fue que estaba cerrado. La puerta sí estaba abierta, pero nadie nos vendió una entrada ni nos pidió nada. Nos dijeron que podíamos pasar y ya. Dentro había gente terminando de desayunar, recogiendo una mesa larga. Estuvimos un buen rato sin saber si estábamos visitando un museo o colándonos en una casa ajena. Resulta que las dos cosas eran verdad.
Qué es el MuPho
El MuPho es el Musée de la Photographie de Saint-Louis, el primer museo de Senegal, y de África Occidental, dedicado por entero a la fotografía. Abrió en noviembre de 2017 y la ciudad no está elegida al azar: según el propio museo, fue a Saint-Louis a donde llegó en 1863 la primera cámara que entró en el país.
Detrás está Amadou Diaw, un empresario senegalés que hace veinticinco años fundó la primera escuela de negocios privada de Senegal. Lleva años comprando edificios de la isla, restaurándolos y llenándonos de cultura con su colección privada, así que el proyecto tiene dos patas: enseñar fotografía africana y salvar de la ruina el patrimonio construido de Saint-Louis, que buena falta le hace. Nosotros tuvimos la suerte de que nos lo explicara él mismo en mitad de la visita, con la naturalidad de quien te enseña su casa, que es exactamente lo que estaba haciendo, y que nos dio una clase práctica de Teranga senegalesa.
Un museo que en realidad son ocho
Esto es lo que más nos descolocó y lo que conviene saber antes de ir: el MuPho no es un edificio, es lo que ellos llaman un archipiélago. Ocho espacios repartidos por la isla, cada uno en una casa restaurada, con nombres que suenan a lo que son: La Villa, Les Comptoirs, Ker Repentigny, Ker Ameth Gora, Ker Thiane, Ker Messaoud, Ker Lahlou y Ker Guillabert (ker es "casa" en wolof).
Dentro del archipiélago hay además museos temáticos que no van solo de fotografía: el Museo de la Fotografía, el Museo de las Independencias (las luchas por la independencia en África), el Museo del sous-verre (la pintura bajo vidrio, una técnica muy senegalesa) y el Museo de Artes Clásicas, con arte tradicional africano.
Qué se ve
Hay fotografía africana histórica y contemporánea, con retratos de estudio de mujeres senegalesas de los años treinta a cincuenta y obra de fotógrafos como Meissa Gaye o Mama Casset, dos nombres fundacionales de la fotografía senegalesa que aquí se entienden mucho mejor que leyéndolos en una pantalla.
Y ahora la parte honesta, que en esta casa siempre la hay: no todos los espacios tienen el mismo estilo. El edificio principal y el número cinco, la antigua casa familiar de Amadou Diaw, son los dos que más nos gustaron, y son en los que más rato nos quedamos. Los demás son interesantes pero con temáticas que nosotros desconocemos y eso no nos permitió disfrutar lo suficiente. Si vas con poco tiempo, empieza por esos dos y sigue con el resto.
Hay otra cosa que se ve, y no está colgada de las paredes: las propias casas. Recorres patios, escaleras y habitaciones de edificios del XIX rehabilitados en una isla donde la mayoría se están cayendo. Aunque no te interese especialmente la fotografía, el paseo por dentro de esas casas ya justifica la visita.
Cómo visitarlo
La base es La Villa, en la Rue Maître Babacar Seye, en la parte sur de la isla. Desde allí te orientan hacia los demás espacios, que están a distancias cortas y andando.
Los precios oficiales que publica el museo son de 5.000 CFA el Museo de la Fotografía, otros 5.000 el de Artes Clásicas, 2.000 el de las Independencias, 2.000 el del sous-verre y 10.000 el Pass Archipel, que da acceso a todo y sale por unos quince euros. Merece la pena hacerlo entero y con calma, unos edificios os gustarán más y otros menos, pero solo por el paseo y la visita ya merece la pena.
Abre a las diez de la mañana, que es la hora a la que nos dijeron que volviéramos cuando aparecimos demasiado pronto. Nosotros lo hicimos en dos ratos de dos mañanas distintas y nos vino bien: es mucha casa para una sola sentada, sobre todo con el calor de julio.
¿Merece la pena?
Para nosotros fue el mejor motivo para subir a Saint-Louis, una ciudad a la que hay que ir con las expectativas en su sitio. Es un museo raro, desordenado, que a ratos parece cerrado y que depende mucho de en qué edificio entres, pero es también lo más interesante que vimos en la isla y una manera distinta de mirar África: fotografía africana, elegida y pagada por un senegalés, expuesta en casas senegalesas.
Si te interesa por qué acabamos recorriendo Senegal y Gambia con una cámara en la mano, lo contamos en Memoria contra Ocultación.