Ubud a pie: lo que se ve y lo que no se dice
Ubud es el centro cultural de Bali y el sitio donde se queda casi todo el mundo que va a la isla, el casco viejo se ve andando en una mañana porque las cuatro cosas que hay que ver están una detrás de otra.
Viajamos a Indonesia en septiembre de 2024, con un cambio medio de 17.000 rupias por euro.
El palacio de Ubud
La entrada es gratuita y está en el cruce principal del pueblo. Es curioso y se ve en un cuarto de hora, con sus puertas talladas y sus patios, pero poca cosa más. Si esperáis un palacio al uso, no es eso.
El templo Saraswati, que sí
A cinco minutos andando está el Pura Taman Saraswati, y esto ya está mejor. Al entrar te ponen un sarong, como en todos los templos hinduistas de la isla, y se accede por un estanque lleno de flores de loto que lleva hasta la puerta.
Justo al lado está el café Lotus, y ahí va el truco: si os sentáis en las mesas de delante veis el templo entero desde el otro lado del estanque, con el loto en primer plano. Un café ahí vale lo que cuesta.
Los dos mercados que venden lo mismo
Siguiendo la calle están el Street Market y el Art Market, que tienen nombres distintos y venden las mismas cosas hechas en China. Sarongs, camisetas, imanes, bolsos, tallas de madera.
Se pasa un rato mirando, y si buscáis artesanía de verdad, esto no lo es.
Lo que no se dice de la calle principal
Aquí viene la parte incómoda, y la digo tal como la pensé el primer día. En el primer paseo por la calle principal de Ubud solo veíamos occidentales, restaurantes occidentales y ni una sola cocina callejera.
Venimos de dos semanas de warungs, de nasi goreng de 15.000 rupias y de comer donde comen los de allí, y llegar a Ubud es entrar en otro país. Hay yoga, hay smoothie bowls, hay cafés de especialidad y hay carta en inglés en todas partes.
No digo que no se coma bien, que se come muy bien, y nosotros mismos caímos en unas hamburguesas el primer día porque nos hacía falta comida conocida y en una cena japonesa en el Rayjin que fue de lo mejor de la ciudad, sentados en la barra delante de las planchas, con un taco de atún con alga nori que todavía me acuerdo. Lo que digo es que si vais buscando Bali, Ubud centro no es el sitio, y hay que salir a las afueras. Aunque tampoco soy yo nadie para decir qué es Bali, desde luego no tiene nada que ver con el resto de Indonesia que pudimos conocer.
El parque de los monos
Pasamos por al lado y no entramos. Está en pleno pueblo, se paga entrada y la fama que tiene es que los monos te quitan las gafas, el móvil y lo que lleves suelto. Que cada uno decida.
El Galungan, que se nos escapó por horas
Llevábamos varios días viendo cómo decoraban todos los templos y cómo aparecían por las calles unas varas de bambú curvado, altísimas y decoradas, que se llaman penjores. Las habíamos visto ya en Lovina sin saber qué eran.
Es el Galungan, una de las celebraciones más importantes de Bali: la creencia dice que los espíritus de los muertos vuelven esos días a visitar a sus familias, y va seguida del Kuningan diez días después. Cae cada 210 días, según el calendario balinés, así que no está en el mismo mes todos los años.
Nos enteramos el día 23 de que era el 25, que era justo el día que nos íbamos a las Gili. Salimos del hotel esa mañana con todo cerrado y con la gente vestida de fiesta por la carretera, camino del puerto. Se nos escapó por horas y solo pasa en Bali.
Cuánto tiempo hace falta
Para el casco viejo andando, una mañana. Nosotros estuvimos tres noches y el segundo día lo dedicamos a los alrededores en moto, que es donde está lo bueno de la zona.