Si Ubud centro se nos hizo turístico, los alrededores nos parecieron de lo mejor de Bali. Hay una ruta circular hacia el norte que junta tres o cuatro templos y los campos de arroz de Tegallalang, se hace en un día con la moto y se va cómodo, que no es poco en esta isla.

Viajamos a Indonesia en septiembre de 2024, con un cambio medio de 17.000 rupias por euro.

La moto, y coged la grande

En Yogyakarta habíamos alquilado una moto pequeña y acabamos con dolor de culo, así que aquí pagamos algo más por una 150 cc, 150.000 rupias al día, unos 8,80 euros, y se nota muchísimo yendo dos. La pequeña sale por la mitad y para dos personas y las carreteras que hay, no compensa.

Al norte de Ubud la carretera está bien para lo que habíamos visto en el país y hay poco tráfico, así que se conduce a gusto. Eso sí, se conduce por la izquierda y los coches adelantan invadiendo el carril contrario.

Juanjo en una de las motos que alquilamos durante el viaje
Juanjo en una de las motos que alquilamos durante el viaje

Goa Gajah

La primera parada, a poco de salir, es la cueva del elefante. Es una roca tallada con una boca de entrada enorme, con una cara esculpida alrededor del hueco por el que se pasa, y dentro no hay gran cosa.

Es curiosa y se ve en veinte minutos. Si vais justos de tiempo, es la que quitaría.

Tirta Empul, que hay que verlo

A unos 35 minutos en moto está Tirta Empul, un templo hinduista con unas piscinas alimentadas por un manantial y una hilera de caños de piedra. Los balineses van ahí a hacer el melukat, un ritual de purificación con su orden: se hace una ofrenda antes, se entra por un extremo y se pasa por los caños uno a uno, en fila, mojando la cabeza en cada uno y rezando.

Y luego está lo que pasa de verdad, que es un espectáculo: decenas de occidentales haciendo cola en bañador para meter la cabeza bajo los grifos, con el móvil de un amigo grabando, sin ofrenda, sin orden y sin la menor idea de qué es aquello. Un negocio montado alrededor con alquiler de sarongs y de taquillas.

Merece la pena por el sitio, que es precioso, y merece la pena por lo que se ve. El templo y los jardines son muy bonitos, y las fotos que salen de la gente flipando con el agua no las da ningún otro sitio de Bali.

Un apunte práctico, sin ironía: es agua compartida por mucha gente y se mete la cabeza entera. Cada cual sabrá.

Turistas e indonesios a la cola del melukat, el rito de purificación
Turistas e indonesios a la cola del melukat, el rito de purificación
Dos mujeres balinesas rezando de rodillas en el suelo del templo de Tirta Empul
En pleno proceso de purificación
En pleno proceso de purificación

Kawi Sebatu

Un poco más adelante hay otro templo hinduista, Kawi Sebatu, con sus estanques. Nosotros lo vimos desde la calle sin entrar, porque llevábamos ya dos templos en el cuerpo y queríamos llegar a los campos de arroz.

El complejo de templos de Kawi Sebatu visto desde arriba, rodeado de vegetación

Tegallalang y el tormentón

Íbamos a alargar hasta un lago que hay media hora más al norte, pero a los diez minutos empezó a llover y dimos la vuelta hacia las terrazas de arroz de Tegallalang.

Paramos en un restaurante a pie de carretera desde el que se ven todas las terrazas enfrente y nos quedamos a comer. Menos mal, porque a los veinte minutos cayó una tromba de agua de las que no se puede ni salir a la puerta. Comimos con calma, esperamos a que escampara y salimos otra vez con la moto.

Tegallalang no es Jatiluwih, que es mucho más grande y más espectacular, pero se ve desde la propia carretera sin andar nada y en un día de moto entra muy bien. Si solo vais a ver unos campos de arroz en Bali, id a Jatiluwih.

Las terrazas de arroz de Tegallalang entre palmeras

Cómo lo haríamos otra vez

Igual, pero saliendo antes de casa. En septiembre las tormentas de la tarde son bastante fijas, y nosotros salimos a media mañana y nos comimos una entera. Con salir a las ocho, la ruta entera cabe antes de que se ponga a llover.