El Muharram que no sabíamos que estábamos viviendo
En Kashan empezamos a ver las calles cubiertas de banderas y banderolas negras, rojas y verdes, y pensamos que serían los preparativos de la Ashura, que creíamos que caía a final de mes. No le dimos más vueltas. Nos costó media Irán darnos cuenta de que no eran los preparativos: estábamos viajando en pleno Muharram, el mes de luto del islam chií, y el país entero se estaba transformando a nuestro alrededor.
Viajamos a Irán en octubre de 2015. Los lugares siguen ahí, pero los precios, horarios y datos prácticos son de aquel viaje.
Qué es el Muharram
El Muharram es el primer mes del calendario islámico y para los chiíes es el mes de duelo por Husein, nieto de Mahoma, muerto en la batalla de Kerbala en el año 680. Ese duelo culmina el décimo día, la Ashura, y durante semanas Irán se llena de banderas negras, cantos, comida y té que se reparten gratis en la calle, representaciones teatrales y procesiones. Nosotros lo fuimos descubriendo a trozos, ciudad a ciudad, sin entender del todo lo que veíamos hasta que encajaron las piezas. Del papel de la religión en el país ya os hablamos en El Irán religioso; esto es lo que se siente cuando te pilla dentro.
Las señales que no supimos leer
Después de las banderas de Kashan llegaron los tés. En Yazd nos ofrecían té gratis en puestos callejeros sin que supiéramos muy bien por qué; uno de ellos, de azafrán, de los mejores que tomamos en todo el viaje. Todo era parte del nazri, la tradición de repartir comida y bebida durante el luto. A los que veníamos de fuera nos tocaba la parte amable: hospitalidad multiplicada en un país que ya de por sí te regala la bienvenida cada día.
Los teatrillos
En Yazd nos topamos con un teatrillo callejero, un tazieh, la representación popular de la muerte de Husein, con vestuario, música y un público completamente entregado. Días después, en Teherán, encontramos otra representación en la puerta del Artist Forum, un centro de artistas donde lo popular y lo cultural se mezclaban sin costuras. Nadie nos miró raro por mirar; al contrario.
Las procesiones de Shiraz
La primera procesión de verdad nos la encontramos de noche en Shiraz, buscando un sitio para cenar, y fue de las cosas que más nos impresionaron del viaje. Filas de hombres golpeándose rítmicamente con cadenas al son de los tambores, otros cargando enormes estructuras metálicas adornadas, cantos que se te meten en el pecho. Al día siguiente, después de visitar Persépolis, salimos expresamente a buscarlas: más tambores, más cadenas, más gente de negro llenando las calles. Y un detalle que nos descolocó: a nadie le importaba que hiciéramos fotos. Ni un mal gesto. Éramos los únicos turistas mirando algo inmenso y nadie nos hizo sentir que sobrábamos.
El bazar atrancado
El final del viaje nos dio la última lección. En Teherán, un día antes de volar, nos encontramos el gran bazar echando el cierre: atrancaban las puertas porque el bazar cierra siete días por el Muharram, con procesiones diarias de diez de la mañana a cuatro de la tarde. El corazón comercial de un país de 80 millones de personas, parado una semana entera por el luto. Pocas imágenes explican mejor lo que pesa la religión en Irán.
Si el Muharram os pilla de viaje por Irán, nuestra experiencia es clara: no es un problema, es un regalo. Se ve el país con una intensidad que no sale en las guías. Contamos mucho más de aquel viaje en nuestro libro Irán, lugar de vacaciones.