Kashan en un día: casas señoriales, hammam y jardines
Kashan fue nuestra primera parada "pequeña" después de Teherán y Qom, y el sitio donde el viaje cambió de marcha. Llegamos en hora y media de autobús cómodo y con paquete de comida incluido — después de que los taxistas de Qom intentaran convencernos de que "los viernes no hay autobuses" para llevarnos ellos por seis veces el precio. Los había, claro. En Kashan bajamos el ritmo, y un día completo da para todo lo importante.
Viajamos a Irán en octubre de 2015. Los lugares siguen ahí, pero los precios, horarios y datos prácticos son de aquel viaje.
Las casas señoriales y el hammam
La fama de Kashan son sus casas tradicionales del siglo XIX, palacetes de comerciantes con patios hundidos y celosías. Nosotros visitamos la Khan-e Borujerdi, preciosa de arquitectura aunque con un mantenimiento mejorable y la fuente del patio sin agua, que le quita la mitad de la gracia.
La sorpresa fue el hammam del Sultán Mir Ahmad: enorme, restaurado con mimo, con sus salas abovedadas de azulejos y luz cenital. Daban ganas de que lo llenaran de agua y te dejaran quedarte. Y no os perdáis la azotea, con sus cúpulas onduladas de adobe. De la mezquita Agha Bozorg, siendo honestos: bonita, pero si vais justos de tiempo se puede pasar.
Los jardines de Fin
A las afueras están los jardines de Fin, Patrimonio de la Humanidad, el jardín persa por antonomasia: cipreses centenarios, pabellones safávidas y agua corriendo por canales turquesa — que después de ver el río seco de Isfahán se aprecia el doble. ¿Son la octava maravilla? No. ¿Merecen el taxi de 10 minutos y la visita tranquila de una hora? Totalmente. Cierran pronto, a las 17h cuando fuimos, así que mejor por la tarde temprano.
La avenida de las teterías
Y aquí viene lo que no sale en las guías. La avenida que baja de los jardines de Fin está llena de chiringuitos, teterías y sitios de comida con esos bancos enormes cubiertos de alfombras donde te sientas con los zapatos fuera y las piernas cruzadas. Pedimos una jarra de té, luego otra, y se nos fue la tarde entera leyendo y poniendo al día la libreta de la que salió este artículo. Acabamos cenando allí mismo: kebab de pollo a la brasa envuelto en esas sábanas de pan recién hecho, con hierbas frescas. De los mejores recuerdos del viaje, y costó cuatro duros.
Por la mañana, antes de salir hacia Isfahán, nos dio tiempo al bazar y su caravasar, muy bien cuidado. Y la salida de Kashan fue con Hosein parando en Abyaneh — pero esa historia va en su propio artículo. La ruta completa, en el itinerario de 16 días por Irán.