Jolfa, el barrio armenio de Isfahán
Cruzar el río seco de Isfahán es cambiar de mundo. Al otro lado está Jolfa, el barrio armenio, y se nota en todo: tiendas de más calidad, cafeterías de verdad, casas cuidadas y un ritmo distinto al del bazar. Los armenios llegaron aquí a principios del siglo XVII, cuando el sha Abbas trasladó a miles de familias desde la vieja Julfa para traerse a sus comerciantes y artesanos, y cuatro siglos después el barrio sigue siendo suyo: cristiano, próspero y con una historia que no te esperas en mitad de Irán.
Viajamos a Irán en octubre de 2015. Los lugares siguen ahí, pero los precios, horarios y datos prácticos son de aquel viaje.
La catedral Vank
La joya del barrio es la catedral Vank. Por fuera despista, con su cúpula que parece de mezquita; por dentro es una explosión de frescos con escenas bíblicas del suelo al techo, mezcla de arte europeo y persa que no habíamos visto en ningún otro sitio. Las otras dos iglesias del barrio nos las encontramos cerradas, así que si el tiempo aprieta, directos a la catedral.
En el mismo patio está el museo, y es de lo más interesante que vimos en Isfahán: guarda una imprenta antigua y cuenta la historia de los primeros libros impresos en Irán, obra de los armenios de Jolfa hacia 1660. También dedica una parte al genocidio armenio, con documentos y fotografías. Un museo pequeño que se nos fue a más de una hora.
Cafés armenios y una cerveza en Irán
Jolfa es el barrio donde sentarse. Después de días de té en vaso pequeño, aquí pedimos café armenio, batidos de chocolate y tarta en cafeterías con música y sofás alrededor de la plaza Jolfa. Y en el supermercado de la plaza, el hallazgo del día: ¡CERVEZA! Una Baltika bien fría que, eso sí, era sin alcohol, como toda la "cerveza" de Irán. El ritual completo por el precio de un refresco y la sonrisa del dependiente al vernos la cara de emoción.
Un paseo por las casas viejas
La tarde dio para callejear entre las casas armenias antiguas, con sus portones y sus patios escondidos, y para cenar en un restaurante del barrio: ensalada y pescado, una pausa occidental que el cuerpo agradeció. Volvimos andando hasta los parques del río y de ahí al hotel, con la sensación de haber visitado otro país sin salir de la ciudad.
Si vais a Isfahán, reservadle a Jolfa media jornada larga: se llega en el autobús que baja por la avenida principal hasta el puente, y combina perfecto con un paseo por los puentes del río. El resto de la ciudad os lo contamos en Qué ver en Isfahán, y el contexto del país, en nuestro libro Irán, lugar de vacaciones.