Abyaneh y Hosein, el taxista de Kashan
Al bajar del autobús en Kashan se nos acercaron dos taxistas. El primero no hablaba nada de inglés. El segundo era Hosein, un señor mayor con más tablas que el escenario del Price, que en dos minutos nos ofreció el taxi al centro, el hotel donde pensábamos preguntar y el viaje del día siguiente hasta Isfahán parando en Abyaneh y Natanz. Pedía unos 51 euros por todo; cerramos en 43 tras el regateo de rigor, y de propina nos llevó a un hotel más barato que el que buscábamos, una casa tradicional limpia, tranquila y con jardín. Hosein sabía lo que se hacía.
Viajamos a Irán en octubre de 2015. Los lugares siguen ahí, pero los precios, horarios y datos prácticos son de aquel viaje.
Abyaneh, el pueblo rojo
A la mañana siguiente, con el bazar de Kashan ya visto, salimos hacia las montañas. Abyaneh es un pueblo de casas de adobe rojizo colgado a más de 2.000 metros, de los más antiguos de Irán, y de los pocos sitios donde el tiempo parece haberse rendido: callejones en cuesta, balcones de madera y las mujeres mayores con sus velos blancos de flores estampadas, nada que ver con el negro de las ciudades.
Nos tomamos un té en una terraza tranquila mirando el valle y paseamos sin rumbo entre las casas. Lo escribimos tal cual en la libreta aquel día: solo por este pueblo merece la pena el desvío. Lo mantenemos: si vais de Kashan a Isfahán, la parada en Abyaneh convierte un traslado en uno de los días buenos del viaje.
Natanz y el clavo del restaurante
La segunda parada era Natanz, con una tumba del siglo XI que, siendo sinceros, no nos pareció gran cosa: se para porque pilla de camino. Y a la salida llegó la lección del día. Hosein nos llevó a comer a un restaurante de carretera, de esos "de confianza del conductor". Comimos lo de siempre, brochetas y arroz, y nos clavaron unos 20 euros: la comida más cara de todo el viaje, más que cualquier restaurante bueno de Isfahán o Shiraz. Salimos indignados, con muchas explicaciones confusas por parte de todos y una regla nueva aprendida: donde te lleve el taxista, pregunta los precios antes de sentarte.
Llegada a Isfahán
El enfado se pasó rápido, porque a media tarde Hosein nos dejaba en la puerta de un hotel a la entrada de Isfahán con habitaciones a precio de risa, y una hora después estábamos flipando en la plaza más grande que habíamos visto nunca. El balance del trato con Hosein, clavo del restaurante incluido, salió redondo: por unos 45 euros, tres personas viajamos de Kashan a Isfahán con chófer, visitando por el camino uno de los pueblos más bonitos de Irán.
Kashan también merece su día propio — os lo contamos en otro artículo. Y la ruta completa está en nuestro itinerario de 16 días por Irán.