Si hay un nombre que a todos nos suena de Irán, es Persépolis. La capital ceremonial del imperio persa era una de las visitas que teníamos marcadas desde antes de salir de casa, y la dejamos para el final de la ruta, desde Shiraz. Os contamos cómo la organizamos para acabar el día viendo la puesta de sol sobre las ruinas, que era el objetivo.

Viajamos a Irán en octubre de 2015. Los lugares siguen ahí, pero los precios, horarios y datos prácticos son de aquel viaje.

La excursión desde Shiraz

Persépolis está a unos 60 kilómetros de Shiraz y la forma más sencilla de visitarla es contratar un taxi para la tarde. Nosotros cerramos una excursión de 6 horas por 1.700.000 riales (unos 43 euros de entonces, entre tres personas) que incluía las tres paradas: Naqsh-e Rostam, Naqsh-e Rajab y Persépolis. Salimos a las 12 del hotel, sin madrugones, y esa hora de salida acabó siendo la clave de todo.

Naqsh-e Rostam, las tumbas de los reyes

La primera parada fueron las tumbas de Naqsh-e Rostam, cuatro cruces gigantes excavadas en la pared de roca donde están enterrados Darío I, Darío II, Artajerjes I y Jerjes I. Impresiona bastante ver los nombres de los reyes que estudiábamos en el colegio tallados en un acantilado en mitad del desierto. Eso sí, siendo honestos: si habéis estado en Petra, igual no os impresiona tanto. A nosotros nos gustó mucho.

Naqsh-e Rajab, mejor al principio

Muy cerca está Naqsh-e Rajab, un conjunto de relieves sasánidas tallados en la piedra. Está bien, pero nuestro consejo es hacerla como primera parada: después de las tumbas de los reyes se queda un poco floja. Nuestro taxista la puso en segundo lugar y se nota el bajón.

Persépolis con la puesta de sol

Sobre las 14:30 llegamos a Persépolis. Antes de entrar nos comimos unos bocadillos de jamón en el aparcamiento, que para algo lo habíamos traído desde España, y dentro nos esperaba la ciudad de Darío: la puerta de las naciones, la apadana, las tallas de los caballos, que son lo que más nos impresionó, y la plataforma sobre la que se levantaba todo el complejo. Es más pequeño de lo que imaginábamos, pero por el tamaño de los edificios se entiende que el tesoro de Persépolis fuera legendario.

Dentro del recinto hay un pequeño museo que, siendo sinceros, no merece mucho la pena, pero ya que estáis dentro se ve en un momento.

Y aquí va el truco que mejor nos funcionó: entrando a las 14:30 se puede ver todo con calma y quedarse a la puesta de sol, sobre las 16:30 en octubre, cuando la piedra se vuelve dorada y los grupos de turistas ya se han ido. Era uno de los objetivos del viaje y mereció totalmente la pena.

El final perfecto

De vuelta en Shiraz, sin atascos, nuestro conductor nos enseñó unos jardines preciosos con restaurante a 100 metros del hotel donde acabamos cenando verduras, pescado y cordero por unos 24 euros los tres. Al salir nos encontramos las procesiones del Muharram recorriendo la ciudad, pero eso os lo contamos en otro artículo.

Si estáis preparando ruta por Irán, tenéis el recorrido completo en nuestro itinerario de 16 días y todos los números en el presupuesto del viaje. Y si queréis entender mejor el país, este viaje acabó convertido en nuestro libro Irán, lugar de vacaciones.