Ocho versiones del plan y ninguna nos costó dinero
Salimos de casa con un itinerario más o menos decidido por primera vez en 20 años y volvimos habiéndolo cambiado ocho veces. Normalmente no tenemos un itinerario pensado previamente, vamos con una idea de lugares que queremos visitar pero lo vamos haciendo durante el viaje, en este viaje como quería hacer el proyecto fotográfico sobre la escravitud sí tenía un primer itinerario, pero no lo cumplimos del todo. Los cambios no fueron por desorganización, sino porque viajar por libre consiste precisamente en eso: en poder decidir sobre el terreno con la información que solo tienes cuando ya estás allí. Y lo mejor es que ninguno de esos cambios nos costó un euro. Lo principal que quería visitar para el proyecto si quedó dentro del itinerario final.
Los ocho cambios
Uno. La lluvia nos tumbó la isla de Karabane y Diembering, en Casamance. En su lugar contratamos un día con guía por el país diola, que acabó siendo una visita muy interesante.
Dos. Adelantamos el cruce a Gambia del domingo al sábado, y de paso corregimos un error de bulto que llevábamos en el plan: creíamos que cruzaríamos por otro punto fronterizo que hubiera sido comernos 4 o 5 horas más de trasporte.
Tres. Acortamos Janjanbureh una noche y cancelamos la visita a Wassu, sus círculos de piedra, al ver que en temporada baja el pueblo daba menos de sí de lo previsto, y aunque salimos de Janjanbureh enamorados de su história y enormemente agradecidos a Malang por su ayuda, preferimos continuar camino.
Cuatro. Redujimos Tendaba a una sola noche y cambiamos el paseo en barca del amanecer por el de la tarde. En época de lluvias no hay prácticamente aves, que es una de las visitas interesantes de esa zona, la ruta por los manglares. La hicimos así todo pero con un día fué suficiente. En otra época del año yo alargaría la estancia, el campamento de Tendaba es una gozada, muy cómo y de nuevo tuvimos gran ayuda de Lamine, su responsable.
Cinco. Elegimos Kololi en lugar de Bakau como base en la costa, y las dos noches previstas acabaron siendo cuatro. A mitad de viaje ya apetecía descansar, no huir del turismo. Aunque la temporada baja aquí se agradece, hay gente, pero poca.
Seis. La isla Kunta Kinteh no estaba en el plan original. La descubrimos en ruta y terminó cerrando el hilo del viaje y del proyecto.
Siete. El vuelo de Banjul a Dakar que teníamos apuntado no llegamos a comprarlo nunca. Volvimos por carretera en el bus internacional y aprovechamos para ver más cosas. Ese segundo paso fronterizo por carretera desde Banjul fué un día también muy interesante y nos permitió llegar a Dakar por la carretera del sur y pudimos visitar Mbour y Joal-Fadiouth, por eso no volvimos a estar en Dakar.
Ocho. Cerramos en Saly en vez de en Dakar, con el aeropuerto a treinta y cinco minutos y unos días de playa antes del vuelo.
Por qué no costó dinero
La clave está en no reservar casi nada con antelación. Salvo el vuelo, el ferry a Casamance, que sí hay que comprar con un mes de margen, y las dos primeras noches, fuimos reservando sobre la marcha, casi siempre por WhatsApp el día antes o la misma mañana.
En Senegal y Gambia esto funciona sorprendentemente bien. Los alojamientos responden por WhatsApp, los campamentos también, y con poca demanda siempre hay sitio. Nosotros reservamos así desde un campamento en el río Gambia hasta un apartamento en la costa.
Un matiz importante: funciona en temporada baja. En julio nos permitimos improvisar porque no había competencia por las camas. En temporada alta, en la costa gambiana o en Cap Skirring, esto sería otra historia.
Lo que sí hay que cerrar antes
Para que quede claro, no todo se puede dejar al aire:
-
El ferry Dakar a Ziguinchor, que se compra un mes antes desde España por correo y Western Union.
-
La primera noche, para llegar sin buscar alojamiento de madrugada.
-
Los billetes del bus internacional de GTSC entre Gambia y Senegal, que se compran unos días antes en una oficina bancaria.
La otra cara: hay que estar dispuesto
Improvisar tiene un coste que no es económico sino de energía. Significa preguntar mucho, negociar taxis, esperar a que se llene un sept-place, cambiar de gelly-gelly a mitad de camino y aceptar que un día se te va en gestiones. Si eso os agota más que os divierte, un viaje cerrado será la mejor opción.
A nosotros, después de veintidós noches, nos salió redondo. Y por el camino descubrimos cosas que no estaban en ningún plan, que es exactamente el motivo por el que viajamos así. Lo contamos en Prenderles fuego a los prejuicios.
Todos los precios y tiempos reales están en nuestra guía de cifras de Senegal y Gambia.