Este ha sido un viaje maravilloso, bastante más duro que otros, pero ha merecido la pena. Hemos visto mucha más pobreza, pero también mucha más cercanía. La teranga en Senegal se siente, y Gambia claramente es el país de las sonrisas. Entiendo que la gente vuelva enamorada de África; no me cabe duda de que yo también. Quiero volver pronto. Eso sí, hay que venir con energía. Hace unos años no sé si lo hubiera aprovechado tanto. Si viajas para descansar, ve a Asia.

Cenando como invitados en el MuPho de Saint Louis. Foto de @rutenca

No puedo saber si el "buen sabor de boca" que deja África a los primerizos se debe a que la gente de África es la gente más acogedora y, aunque mal dicho, 'ayudadora' que he conocido. Más allá de los problemas con los idiomas, aunque Senegal es francófono y Gambia anglófona, no todo el mundo habla francés o inglés, la gente te ayuda siempre, te acoge en su casa, te da su teléfono para que le preguntes cuando necesitas algo. Te lo hacen muy fácil.

O quizá, y tampoco puedo comprobarlo, esa sensación de enamoramiento generalizado de los viajeros en sus primeras experiencias en África se debe sobre todo a la realidad, que choca tanto con la imagen preconcebida que, queramos o no, tenemos: inseguridad, peligrosidad, etc.

Desde pequeños nos han metido en la cabeza que los personajes negros son los malos, los delincuentes, la gente peligrosa a la que hay que temer. Y en regiones como la mía, Cantabria, nuestra generación no ha conocido el multiculturalismo casi hasta la adultez, y hay gente que ni eso.

Desconozco el peso que pueden tener nuestras ideas preconcebidas y, aunque no queramos, racistas ante un viaje de este tipo o a estos destinos. En positivo tengo que poner que quien viaja tiene algo dentro que hace que quiera saber, conocer, descubrir y, por qué no, desaprender.

Yo quería esto último. Te vas haciendo mayor y la salud o la comodidad, o ambas, te pueden hacer descartar viajes a sitios que no conoces, que no son fáciles, más todavía si, como nosotros, viajas totalmente por libre.

Queríamos hacer esto para romper prejuicios, prenderles fuego y calentarnos con ellos, y por el calor que hemos pasado debía de haber muchos.

Por otro lado, más allá de ideas felices difíciles de comprobar, en este viaje he querido hacer un proyecto fotográfico: no viajar y hacer fotos, sino pensar una idea y planificar la ruta del viaje para contar esa idea y esa historia.

Cómo hacer la ruta contraria a la ruta esclavista, desde el mar hacia el interior, para contar una huella que tanto en Senegal como en Gambia se expone como mapa de memoria necesaria y que sin embargo en España se oculta, incluyendo Cantabria con su Marqués de Comillas. La huella de la esclavitud no es algo tan lejano, en 1951 murió en Cádiz la última esclava de España, en ese momento ya una mujer libre.

Conclusión: tengo fotos, no sé qué saldrá del proyecto, pero lo que sí he ganado ya es todo lo que estoy aprendiendo.

Quiero volver.