El Bromo: cómo se hace y si merece la pena madrugar
El Bromo es la excursión más famosa de Java y la más complicada de organizar, y sale en todas las fotos con el mismo encuadre: los cráteres asomando por encima de un mar de nubes con el sol saliendo detrás. Nosotros lo hicimos desde Yogyakarta en dos días seguidos, y aquí va cómo funciona, lo que cuesta y qué parte de todo eso merece la pena de verdad.
Viajamos a Indonesia en septiembre de 2024, con un cambio medio de 17.000 rupias por euro.
Por qué lo contratamos y no fuimos por libre
Se puede ir por libre, existe la opción, pero decidimos contratar el tour entero para ahorrar tiempo porque el tema del Bromo es complicado incluso para los locales, y en un viaje de tres semanas los dos días que se lleva la excursión son muchos días.
Pagamos 1.550.000 rupias por persona, unos 91 euros, con el tour sin la subida al Ijen, que se suele vender junto y que descartamos por cansancio. Ahí va el tren, el conductor, dos noches de guesthouse en Cemoro Lawang, el jeep y el traslado del final.
En el ferry de vuelta a Bali coincidimos con cuatro españoles que lo habían hecho por libre, andando desde el pueblo, y nos contaron los problemas que habían tenido con los locales, intentos de cobrarles entrada por su cuenta y cosas así. Que se puede, se puede, pero id sabiendo eso.
Cómo se llega
Salimos de Yogyakarta con el organizador del tour y otra pareja de catalanes, David y Cris, con los que acabamos haciendo la excursión entera. La estación está cerca del centro y cogimos el tren de las 11:38 directo a Probolinggo, que son siete horas.
En Probolinggo espera el conductor, y de ahí al guesthouse de Cemoro Lawang hay dos horas de coche subiendo hasta los 2.100 metros, por unas pendientes que el coche tiene que hacer en primera. Probolinggo está a nivel del mar, así que el desnivel se hace de una sentada. Llegamos sobre las ocho de la tarde, cenamos cualquier cosa y a dormir, porque el despertador estaba puesto a las dos y media.
La noche del jeep
A las tres de la mañana sales de Cemoro Lawang en un Toyota Land Cruiser que debe de tener cuarenta años o más, y según vas subiendo te das cuenta de que los cientos, o miles, de jeeps que hay aparcados a ambos lados de la cuesta son todos ese mismo modelo. Aquello parece un museo de Land Cruisers.
Antes de eso se cruza la antigua caldera de noche, y esa es la mejor parte del trayecto: los jeeps adelantándose por la arena con lucecitas de colores, como una carrera por el desierto.
Hora y media larga subiendo rampones y te dejan bastante arriba, aunque todavía hay que seguir andando hasta el mirador de King Kong, a unos 2.700 metros. Quien no quiera andar puede subir en mototaxi, que los hay por todas partes, para que nadie se quede sin su trozo de negocio.
Allí toca esperar una hora hasta que sale el sol, que ese día fue a las 5:19. Hace frío de verdad. Yo llevaba térmica, camiseta y chaqueta, y me quedé helado igual.
El amanecer está sobrevalorado, el mar de nubes no
Lo digo claro porque es lo que pensé allí mismo: la salida del sol es bonita y está muy sobreestimada. Lo que de verdad impresiona es el mar de nubes con los cráteres del volcán sobresaliendo por encima, y eso se ve igual de bien un rato antes y un rato después.
El cráter, que es lo que hay que ver
Después del mirador se baja una hora en coche hasta la antigua caldera, que se usa de aparcamiento a unos trescientos metros de la base del cráter para que andes un poco, que no todo va a ser ir en coche. Desde ahí puedes ir a caballo hasta las escaleras si no te apetece caminar.
Se cruza la arena volcánica en diez o quince minutos, se suben las escaleras y llegas al borde. Lo primero que me impresionó no fue la vista sino el sonido de los vapores que expulsa, que suena mucho más de lo que uno espera. Y luego ya sí, la vista del cráter por un lado y de la antigua caldera con las montañas al fondo por el otro.
Subimos sobre las siete de la mañana y había poca gente. Me acerqué por la cresta hasta el final de la zona paseable, donde se ve el resto del borde con las montañas detrás.
A la bajada empieza a apretar el calor y se levanta muchísimo polvo, de la gente andando y sobre todo de los caballos, cuando hasta hacía nada seguíamos abrigados.
Lo que hay que saber antes de ir
Llevad ropa de abrigo de verdad aunque estéis en Indonesia y a nivel del mar haga treinta grados, porque a las cuatro de la mañana a 2.700 metros se pasa mal.
Guardad la posición del jeep en el mapa antes de subir al mirador. Hay cientos aparcados y todos son el mismo modelo, y encontrar el tuyo a oscuras puede llevar un rato largo.
Contad con que el desayuno cae a las nueve, de vuelta en el pueblo, después de seis horas en pie. Nosotros nos metimos un nasi goreng picante para probar el estómago.
Si volviéramos
A mí el Bromo me pilló cansado y con el estómago fastidiado del batido de durián de la noche anterior en Yogyakarta, y aun así lo recomendaría. Lo que no repetiría es el madrugón para el amanecer: si existiera la opción de subir al cráter a media mañana y ver el mar de nubes desde el mirador sin la carrera nocturna, la cogeríamos.
Nuestro conductor durmió esa noche en un banco del hall del guesthouse y a las nueve estaba listo para llevarnos seis horas hasta el puerto de Ketapang, que es la otra parte de esta historia.