Casi todo el mundo que va a Gambia se queda en la costa. Nosotros subimos cinco horas río arriba hasta Janjanbureh, en el interior profundo, y volvimos por Tendaba. Fue la parte más dura del viaje y también la que más nos ha quedado.

Una isla con tres nombres

Janjanbureh es una isla en mitad del río Gambia, y sus tres nombres cuentan su historia entera. Los locales la llaman Janjanbureh, por dos hermanos agricultores que, según cuentan allí, se separaron para siempre; en mandinga janjan es separación y bureh, para siempre. Los ingleses la llamaron MacCarthy, por un gobernador, y al pueblo Georgetown, por el rey Jorge. En los noventa recuperó oficialmente el nombre mandinga.

Lo más importante que se visita aquí son las slave houses y el Freedom Tree, que contamos en la ruta de la memoria de la esclavitud porque forman parte de otra historia.

Mural de la Underground Slave House de Janjanbureh, con escenas de cautivos encadenados y la palabra Freedom Interior de una de las slave houses de Janjanbureh, con muros de piedra y vigas de madera

El museo del Kankurang y un parecido que nos dejó helados

Lo que no esperábamos era el museo del Kankurang, dedicado a una mascarada mandinga que es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Un personaje enmascarado, cubierto de fibras vegetales, que sale a la calle en determinadas fechas con una función de control social y de protección de los iniciados.

Y nosotros, que somos de Cantabria, nos quedamos mirándonos: se parece muchísimo a La Vijanera, la mascarada de invierno de Silió (Cantabria), con sus zarramacos cubiertos y su papel en la comunidad. Dos tradiciones a cinco mil kilómetros la una de la otra que responden a la misma necesidad. De las cosas que más nos ha hecho pensar de todo el viaje.

Sala del museo del Kankurang de Janjanbureh, con el panel de la exposición sobre las mascaradas de Gambia Máscara de mascarada mandinga expuesta en el museo del Kankurang

El lado duro, que también hay que contarlo

Janjanbureh en julio es exigente. Hace un calor y una humedad brutales, hay muchísimos mosquitos, la luz se va, y el pueblo tiene dos calles asfaltadas y poco más. La primera tarde fue dura y estuvimos a punto de recortar la estancia.

Lo que le dio la vuelta al día siguiente fue el guía local, Malang, que nos abrió a golpe de teléfono el museo y las slave houses que estaban cerrados y nos explicó la zona entera. Si subís hasta aquí, buscad a alguien del pueblo que os acompañe: sin eso, hay poco que rascar.

Con Malang, quien nos salvó Janjanburéh viendo la final España - Argentina en su casa
Con Malang, quien nos salvó Janjanburéh viendo la final España - Argentina en su casa

Tendaba y los manglares

Bajando de nuevo hacia la costa paramos en Tendaba Camp, un campamento junto al río que funciona desde 1974 y que trabaja mucho con la comunidad de la zona. Es un sitio agradable, sencillo, con bufé y con gente que lleva allí toda la vida.

Lo que se hace en Tendaba es salir en barca por los bolongs del Bao Bolong, los brazos de agua entre manglares, a ver aves. Nos costó 2.200 dalasis la barca para nosotros solos y salimos a las cuatro de la tarde. Siendo honestos, en julio vimos pocos pájaros, algunos pelícanos y poco más. Aun así el paseo es precioso y muy tranquilo. En temporada seca, que es cuando se concentran las aves, esto tiene que ser otra cosa.

Aun con pocas aves, el paseo por el río y por los manglares merece la pena
Aun con pocas aves, el paseo por el río y por los manglares merece la pena

Cómo moverse por aquí

El transporte del interior de Gambia son los gelly-gelly, las furgonetas colectivas que salen cuando se llenan, y el bus exprés de GTSC, que es infinitamente más rápido y cómodo. Nosotros bajamos de Janjanbureh en el exprés por 350 dalasis por persona, bajándonos en el cruce de Kwinella, y de allí a Tendaba en taxi por 400.

Los tiempos y precios completos de todo el viaje están en nuestra guía de cifras reales, y cómo llegar hasta aquí desde Senegal, en el artículo del cruce de frontera.