Banjul es una capital diminuta. Está en una isla, tiene unos cuarenta mil habitantes y no puede crecer, así que la vida del país se ha ido a la costa, a Serekunda y a la zona de hoteles de Kololi. Se visita en medio día y merece la pena, sobre todo por un monumento que cuenta más de lo que su constructor pretendía.

Cómo llegar y moverse

Desde Kololi cogimos un taxi por 1.500 dalasis que nos llevó, nos esperó unas horas y nos trajo de vuelta. Es lo más cómodo y sale a cuenta si sois dos. La ciudad se recorre entera andando.

El Arch 22, el monumento del dictador

El Arch 22 es un arco monumental que el dictador Yahya Jammeh se construyó en su propio honor para conmemorar el golpe de Estado que lo llevó al poder. Y aquí está lo interesante: hoy, dentro, hay una pequeña exposición fotográfica sobre los desaparecidos y asesinados durante su dictadura.

Es difícil encontrar un edificio que se contradiga a sí mismo con tanta claridad. Merece la visita por eso y también por las vistas desde lo alto, que son las mejores de la ciudad.

Vista desde la parte superior del Arch22
Vista desde la parte superior del Arch22
Escalera de caracol del Arch 22 de Banjul vista desde lo alto
Exposición sobre los asesinados durante la dictadura del Arch22
Exposición sobre los asesinados durante la dictadura del Arch22

El Albert Market

Íbamos con la mosca detrás de la oreja, esperando el típico mercado de recuerdos hechos en China, y nos encontramos lo contrario: un mercado grande, con muchísimos puestos, tranquilo el día que fuimos y con bastante encanto. Compramos un par de equipaciones de fútbol y dimos una vuelta muy agradable.

Entrada al mercado, la parte interior de callejuelas y cientos de puestos es super entretenida
Entrada al mercado, la parte interior de callejuelas y cientos de puestos es super entretenida
Vestidos teñidos a mano colgados en un puesto del Albert Market de Banjul

El Museo Nacional y el voto por canicas

El Museo Nacional está en una antigua casa colonial que se cae a pedazos, con las vitrinas polvorientas y el montaje muy descuidado. Y aun así merece una visita corta, porque tiene cosas que no se ven en ningún otro sitio.

La mejor: el sistema de votación por canicas. En Gambia se votó durante décadas metiendo una canica en un bidón metálico, uno por candidato, con una campana dentro que sonaba al caer para que no se pudiera votar dos veces. Se usó precisamente porque una gran parte de la población no sabía leer. Un sistema tan sencillo como ingenioso, y allí está expuesto.

Sistema de votación mediante canicas de colores
Sistema de votación mediante canicas de colores

La costa: Kololi frente a Bakau

Nosotros elegimos Kololi como base para los últimos días y acertamos. Tiene más vida que Bakau, con la Senegambia strip llena de restaurantes y bares, playa a mano, y Banjul y Bakau a quince o veinte minutos. Íbamos a quedarnos dos noches y acabamos alargando a cuatro.

Es la parte más turística del país y se nota, pero después de dos semanas de gelly-gellys, calor y carretera, veníamos con ganas. Aquí conocimos hasta a un español que lleva dieciséis años en Gambia con un restaurante, desde que la crisis de 2008 se llevó por delante su trabajo de constructor.

En materia de alojamiento no damos precios sitio a sitio, porque cada viajero tiene sus gustos, pero como referencia todo el viaje nos salió a una media de 45 euros la noche siempre en habitación privada con baño y aire acondicionado.

Desde Kololi salen las excursiones a la isla Kunta Kinteh y Juffureh, y desde aquí sale también el bus internacional que cruza a Senegal, que contamos en cómo cruzar entre Senegal y Gambia por tierra.