El régimen iraní
a través de los ojos
de una mujer
Las mujeres iraníes pueden conducir automóviles y de hecho nos llamó la atención ver algunas mujeres taxistas en Teherán. Pueden vivir una vida casi normal… dentro de su casa.
En la vida pública, la separación de sexos es evidente. Si te montas en el autobús público, las señoras suelen ir en la parte de atrás y los hombres delante. Pero vimos esperanzas de cambio: el velo es obligatorio, pero observamos a muchas mujeres que desafiaban esa norma con velos coloridos y enseñando parte de su cabello.
Miles de mujeres en Irán llevan sus hijabs rozando el límite de la legalidad, tratando de mostrar la mayor cantidad de cabello posible pero sin recibir por ello una advertencia por parte de la policía moral. En 1997 se suprimió la sanción de 74 latigazos por el uso incorrecto del hijab a cambio de una advertencia y el traslado a comisaría para la identificación de la infractora —aunque la ley prevé penas de dos a diez meses de cárcel—. Durante 2014, según estadísticas oficiales, se amonestó a 2.917.000 mujeres, de las cuales 205.052 fueron obligadas a firmar un escrito comprometiéndose a no violar la ley sobre la vestimenta en el futuro.
El maquillaje no está bien visto, y sin embargo observamos a mujeres bien cargadas de maquillaje, con labios cargados de carmín. En algunos países la coquetería es revolucionaria. Aquí, desde luego, lo es.
Como en todo, estos comportamientos son más habituales verlos en las ciudades y a medida que nos adentramos en las zonas más rurales, el chador negro se va haciendo más presente.
En este contexto de represión, surgen interesantes iniciativas en contra de la obligatoriedad del uso del hijab, como My Stealthy Freedom, que desde su página de Facebook invita a las iraníes a que suban fotografías de sí mismas desafiando la ley, mostrándose sin hijab en lugares públicos de Irán. También se han sumado algunos hombres a la iniciativa, poniéndose ellos el pañuelo. Todo son gestos que desafían a la autoridad.
La mujer vale la mitad de un hombre
Ese es el resumen.
En marzo de 2016 el Consejo de Guardianes, los mandamases en Irán, emitieron un dictamen histórico: las iraníes conquistaron un derecho que al menos en la muerte las iguala a sus semejantes masculinos. El Consejo de Guardianes dio el visto bueno a un proyecto de ley que obliga a las compañías aseguradoras a pagar a la familia de una mujer fallecida en carretera la misma cantidad que abonaría si el finado fuera un hombre. Una pequeña batalla ganada.
Pero quedan todavía muchas por delante. Atropellar a una mujer en un paso de cebra resulta la mitad de caro que atropellar a un peatón hombre. Tampoco ha cambiado la ley en los casos de asesinato. En Irán, la familia de la víctima tiene el derecho de salvar de la pena de muerte al culpable a cambio de una suma. Si la víctima es mujer, de nuevo el asesino, si lo salvan de la horca, deberá abonar la mitad que si el muerto fuera varón.
El Código Civil consagra que el jefe de familia es siempre el hombre y aunque las mujeres pueden trabajar, el marido puede prohibirlo.
El testimonio de una mujer en un juicio es menos valioso que el de un hombre. Para una mujer es más difícil, pues su testimonio debe ser corroborado por otro testigo, pero la palabra del hombre vale por sí misma.
Y por supuesto, con las herencias: si una persona muere y sólo deja un hijo, este hereda la totalidad de sus bienes, tanto si es varón como hembra. Si deja varios hijos e hijas, cada varón recibirá el doble de bienes que las mujeres.
La mujer y la universidad
La mujer en Irán va a la universidad. De hecho, Irán cuenta con unos tres millones de estudiantes universitarios, de los cuales aproximadamente el 60 % son mujeres.
Irán fue uno de los primeros países en Oriente Medio que permitió que las mujeres estudiaran en la universidad y a pesar de la Revolución Islámica del 79, las mujeres han seguido matriculándose en la educación superior. Aun así, en el año 2012 el gobierno restringió el acceso a las mujeres a casi 80 carreras, desde ingeniería física e informática a negocios.
La mujer y el deporte
Ayatolá Fazel Lankarani: «Es inadecuado que las mujeres miren el cuerpo de un hombre, aunque no sea para conseguir su gratificación». Las mujeres iraníes no pueden acceder a eventos deportivos masculinos. Nada de fútbol o de voleibol, un deporte muy popular en Irán.
En junio de 2014, una británica de origen iraní, Ghoncheh Ghavami, fue detenida en Teherán junto a otras mujeres tras asistir a un partido de voleibol masculino. Fue acusada de «propaganda contra el Estado» y tuvo que pasar cinco meses y 41 días en aislamiento en la prisión de Evin.
La Revolución Islámica habría prohibido en su momento los deportes acuáticos si el Corán no recogiera que «los musulmanes tienen que saber montar a caballo, tirar y nadar».
Justo en Río 2016, la luchadora de taekwondo persa Kimia Alizadeh se ha alzado con la medalla de bronce, siendo la primera mujer persa en alzarse con una medalla olímpica.
Tras la subida al poder de Jomeini, los waterpolistas no podían jugar en Ramadán porque corrían el peligro de tragar agua, lo que habría constituido la ruptura del ayuno obligatorio.
La obsesión del régimen por la exposición de la piel impide que las deportistas de agua puedan concurrir a competiciones internacionales o tener seguidores que no sean de su propio sexo en recintos estrictamente controlados; tampoco pueden hacerlo las culturistas.
Con mucho esfuerzo y valor, hay mujeres que ponen en marcha proyectos preciosos como We surf in Iran, donde podemos ver a las primeras mujeres surfistas de Irán.
Tener relaciones sexuales prematrimoniales bajo contrato
En una sociedad como la que describimos, donde la peor interpretación de la religión es la ley, descubrimos sin asombro que las relaciones fuera del matrimonio están prohibidas y penadas. Y así, llegamos al sigheh o «sexo por contrato».
El sigheh es una fórmula utilizada por los iraníes para dar validez legal a sus relaciones extramatrimoniales: es un contrato matrimonial temporal. En realidad, para las mujeres sólo es aceptado en viudas y divorciadas. Una mujer soltera que no sea virgen es posible que tenga problemas en el futuro, porque la virginidad sigue siendo un requisito para el matrimonio. Por supuesto, los hombres no tienen ningún problema y pueden usar la sigheh con hasta cuatro mujeres a la vez.
En la actualidad hay mujeres que lo usan en la prostitución. Muchas mujeres utilizan estos contratos para protegerse ante posibles represalias legales cuando están con un cliente. Y ellos también quedan protegidos ante la ley.
¿Hay esperanza?
Sí, la hay, y la esperanza se nombra en femenino. Las mujeres iraníes reivindican su espacio en un entorno de máxima hostilidad.
Mujeres al volante
Una cosa que nos sorprendió positivamente fue que vimos mujeres conduciendo y mujeres taxistas. Teniendo en cuenta que sabíamos que en Arabia Saudí las mujeres tienen prohibido conducir, pensábamos que en Irán sería igual, pero no. En Irán las mujeres pueden conducir.
Que las mujeres también se están poniendo al volante del cambio y la apertura, no nos cabe duda. La jueza, activista y feminista Shirin Ebadi, la primera musulmana en recibir el Premio Nobel de la Paz por su defensa de los Derechos Humanos, sobre todo de las mujeres y los niños, dice que «no habrá marcha atrás en la revolución de las mujeres musulmanas».
Sí, hay esperanza.
Hay un movimiento en contra de la obligatoriedad del velo que hace que las mujeres usen distintas tácticas para intentar evitar o llamar la atención sobre esa injusta desigualdad. Algunas mujeres han comenzado a cortarse el pelo y vestirse como hombres. En Facebook se promovió una campaña donde mujeres iraníes subían fotos sin el velo: existe una página en esa red social con el nombre de «Libertad cautelosa» desde donde se propagó la campaña, y también se han añadido otras, como una donde hombres iraníes se hacían fotos con el velo como manera de apoyar el derecho de elección de las mujeres.
Otra campaña que se ha viralizado en redes sociales fue #IranianWomenLoveCycling, y es que también puede crear problemas andar en bici a las iraníes, pero la sociedad está de su lado.
En el país en el que las mujeres tienen prohibido cantar como solistas, una mujer usó una táctica para alzar su voz. El 13 de mayo de 2016 la reputada cantante de música clásica Simin Ghanem actuó en el Vahdat Hall, la mayor sala de conciertos de Teherán, ante un público exclusivamente femenino. Algo es algo.
De momento, Operación Triunfo ha llegado a la tele iraní, pero ha desembarcado de aquella manera: sin ninguna mujer en el programa —ni participando ni en el jurado— y con una estricta censura. Es imposible eludir la realidad de los jóvenes iraníes, que aunque a escondidas, escuchan música rock y pop.