Capítulo 09

Lo que ha cambiado
de nuestra percepción

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Ha sido realmente sorprendente derribar tantos prejuicios en un solo viaje. Realmente, siempre nos pasa algo así cada vez que viajamos: te abre la mente, te quita prejuicios y mata un poco de nuestra ignorancia.

Nosotros estamos muy acostumbrados a viajar a países árabes y países asiáticos, y aun así, Irán nos ha parecido un lugar alucinante del que hemos aprendido muchas cosas. ¿Volveréis a ir a Irán? Por supuesto, de hecho, en cuanto podamos queremos conocer todas las zonas que nos quedan por conocer.

Cuando te das cuenta de que la gente, en cualquier parte del mundo, mayoritariamente, hace una vida más parecida a la tuya de la que crees; que le importa su familia, que le gusta disfrutar con sus amigos, que tiene esperanzas de futuro, trabaja honradamente, se levanta por la mañana para enfrentarse a la rutina de nuestro día a día, le gusta escuchar música o ver la tele, va a la mezquita para rezar, o leer o hablar entre ellos, como un espacio de socialización; toman té, van al mercado, cuidan de sus negocios, riñen a sus hijos cuando hacen algo mal, te saludan…

Cuando miras a tu alrededor y ves eso, y piensas en que un día puede que, no sabes por qué tipo de intereses espurios, una guerra le acabe haciendo daño a esta buena gente…, piensas en todos los países en guerra, en Siria, cuando oyes noticias de si hay que atacar a Irán o de los ayatolás dando sus arengas destructivas…, piensas en la gente y te mueres de pena.

Todos tendríamos que viajar más para quitarnos los prejuicios.

Pero viajar es mezclarse, lo otro es irse de vacaciones, que está bien, no decimos que no, pero sólo vale para descansar, no para enriquecerse personalmente.

Por esto, una de nuestras recomendaciones es conocer la cultura en los sitios donde está la gente: en los mercados, en los parques o en las mezquitas. Allí es donde se hace vida, es donde la gente se relaciona, habla o compra, donde los niños juegan mientras los adultos están a lo suyo.

Especialmente en Irán, merece la pena visitar algunas mezquitas. No hace falta entrar en todas, pero ya que es un país en el que se permite la entrada a los no musulmanes —no ocurre lo mismo en el resto de países—, es una oportunidad única para ver cómo discurre la vida en sus lugares de oración.

Fuera de las horas de oración, en las que lógicamente la actividad principal es la propia oración, te encontrarás personas leyendo, descansando o charlando en grupo, mujeres tejiendo, niños jugando, familias pasando la tarde, escenas sorprendentes a nuestros ojos.

Para entrar en una mezquita no hay que hacer nada especial, se puede entrar libremente y sin malas caras. De hecho, en muchas hasta agradecen la curiosidad del turista por su cultura.

Nosotros creemos que el turismo sostenible es una forma de ayudar. Porque cada vez que tú vas y estás con la gente, ellos se llevan algo de ti y tú te llevas algo de ellos.

Los ayatolás te obligarán a llevar puesto un velo en el pelo, pero quitarte la venda de los ojos sólo depende de ti.

Mezquita del Imán al atardecer
Mezquita del Imán al atardecer · Isfahán.