Capítulo 07

Historias de personas reales

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El pueblo iraní se caracteriza por ser hospitalario y acogedor. Eso lo pudimos comprobar durante todo nuestro viaje.

Por la calle nos daban la bienvenida y aquellos que chapurreaban algo de inglés nos preguntaban si nos gustaba su país. La gente era amable y muy dispuesta a ayudarte y tenemos múltiples anécdotas en ese sentido.

En Teherán, en los medios de transporte, en distintas ocasiones nos llevaron casi de la mano hasta nuestro destino. En el autobús público, el conductor le indicó a un pasajero que nos ayudara y nos llevase hasta nuestro destino, ya que había que hacer un transbordo en tranvía. El chico así lo hizo: en un momento dado nos hicieron bajar del autobús y el chico tomó la delantera y nos llevó hasta el tranvía y nos hizo tomar uno de ellos. Y ese tranvía nos llevó hasta nuestro destino.

Otro día, tomamos el metro —el metro de Teherán, cuando consigues orientarte, es relativamente sencillo de utilizar— con tan mala suerte que justo la parada en la que teníamos que apearnos estaba en obras y no paró. Eso hizo que nos desorientásemos y un chico nos vio confusos, intentando saber qué sucedía. El chico nos explicó lo que estaba pasando y nos acompañó hasta que nos dejó en nuestro destino. Para ello hubo que hacer transbordos y el chico perdió casi una hora de su tiempo con nosotros. Luego se despidió y volvió al metro a seguir su camino.

El chico que no miraba a Ruth

Era de noche y estábamos paseando por Teherán, sin rumbo definido, y buscando un lugar para cenar algo. Entramos en un pequeño restaurante y decidimos que aquel era un buen lugar.

Había un par de comensales y nos pareció que aquello que comían tenía buena pinta y le señalamos los platos al señor súper sonriente que nos atendía: pollo, arroz blanco, encurtidos, pan y una especie de sopa de lentejas. El señor que nos atendía era muy simpático con nosotros y aunque no hablaba nada de inglés, nos estuvo enseñando algunas palabras en persa relacionadas con la comida. Fue un momento muy simpático.

Al acabar de comer, un chico se nos acercó y nos pusimos a hablar con él fuera del restaurante. El muchacho tenía curiosidad sobre nuestro lugar de origen y nuestra visita por su país. Nos llamó la atención que en ningún momento se dirigía a Ruth y no era capaz de mirarla a los ojos. Por supuesto, ella ya se había percatado de este asunto desde el principio del encuentro, pero no por ello dejaba de dirigirse al muchacho con la esperanza que le respondiera en alguna ocasión. Él se hacía el huidizo con ella y hablaba con sus interlocutores masculinos.

Nos invitó a su casa a dormir con bastante insistencia. Es bastante habitual que los iraníes te abran su casa y te inviten a comer y/o dormir. Nosotros declinamos la invitación, le dimos las gracias por su amabilidad y cada uno seguimos el camino por nuestro lado.

La Chica de Qom

Qom es considerada ciudad santa en el islam chiíta, ya que allí se ubica el sepulcro de Fátima Ma'suma, hermana del Imán Reza (798-816 d.C.). La ciudad es el centro mundial de los estudios islámicos chiítas, y es un destino importante de peregrinación donde se encuentra el Mausoleo de Fátima, un lugar realmente impresionante.

Qom se encuentra a 130 kilómetros al sur de Teherán y nos pillaba de camino a Kashan, así que decidimos ir a ver el Mausoleo de Fátima y quedarnos a dormir una noche. La ciudad sólo destaca por el espectacular mausoleo. Llegamos allí el jueves hacia las 15:00 y nos dispusimos a buscar una habitación. Y sucedió algo alucinante durante el ajetreo de buscar alojamiento.

En un momento dado, una adolescente se acercó a Ruth y le ofreció un paquete: era una bolsa con algo dentro. No hablaba inglés y no nos entendíamos. Ruth no quería aceptar su paquete, no entendíamos qué estaba pasando y pensábamos que había gato encerrado. No podíamos pensar que, sencillamente, ¡nos estaba haciendo un regalo! Finalmente accedió a cogerlo y en cuanto estuvo en sus manos la chica se fue corriendo.

La bolsa era de una tienda del mausoleo y contenía una libreta y un sobre de sales. Nos quedamos alucinados.

Ella desapareció y nos quedamos pensando qué se le pasaría por la cabeza para hacer un regalo a Ruth. Una libreta por estrenar. Esa libreta la estuvo utilizando durante el viaje y nos gustaría pensar que la adolescente quería que escribiéramos bien de su tierra y de sus gentes y en favor de la libertad y sus derechos como mujer.

Ojalá que pueda elegir tener oportunidades y disfrutar de la libertad pronto. Mientras tanto, en cada pensamiento y acción en favor de una sociedad libre, democrática y con igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, vemos a la chica de Qom.

Los universitarios de Teherán

Una mañana decidimos acercarnos a la zona universitaria en Teherán. El campus central de Pardis, en la avenida Enghelab, es el más antiguo y el más conocido. En esa avenida hay un montón de librerías y queríamos echar un vistazo y comprar una guía de viajes de Irán —ya que habíamos perdido la nuestra— y nos dijeron que allí seguro que la podíamos encontrar —y así fue, y además a muy buen precio—.

Paseando entre jóvenes y libros, nos pararon dos estudiantes que en un perfecto inglés se pusieron a hablar con nosotros. Quisieron saber de dónde veníamos y qué nos parecía su país. Los chicos pidieron disculpas a Ruth porque el gobierno la obligase a llevar el pañuelo. Se interesaron por nuestra ruta de viaje y se quedaron muy extrañados al decirles que íbamos a visitar Qom al día siguiente: «Allí no hay nada que ver», «eso está lleno de religiosos». Les resultaba extraño que tuviéramos interés en un lugar tan conservador y religioso.

Hablamos de la crisis económica europea, estaban muy interesados en el tema y de hecho estaban comenzando a aprender otro idioma, uno francés y el otro español. Animamos mucho al que quería aprender español, un idioma con mucho futuro.

Pasamos algo más de media hora con ellos y no pudimos quedarnos más tiempo hablando porque tenían clase. Iban con prisa y se disculparon por ello. Fue un rato muy agradable y nos dio tiempo a reconocer que allí existía un germen de jóvenes que estaban abiertos al mundo, que no eran religiosos, que se mostraban más bien progresistas y que estaban preparados y querían construir una sociedad libre.

El famoso Hossein Moznebi

Al llegar a Kashan el autobús en el que íbamos nos dejó en la entrada de la ciudad, en medio de una rotonda. Nada más pisar el suelo varios taxistas que se encontraban allí fueron a ofrecernos sus servicios para ir al hotel o ayudarnos a buscar uno, como era nuestro caso. Varios de ellos intentaron sin mucho éxito convencernos, pero el hecho de que no hablasen ni una sola palabra de inglés no les ayudaba.

Hubo uno que desde luego tenía la labia suficiente para que desde el primer momento entrase con mejor pie. Es el famoso Hossein, un señor mayor que hasta aparecía en la guía de viaje que llevábamos —eso lo sabríamos horas después—. Vino hablando en inglés y al ver que éramos españoles, hasta se atrevió a chapurrear un poco de castellano.

Llegó incluso a enseñarnos un libro con firmas y comentarios de otros viajeros, todas bastante buenas. Nos hizo alguna recomendación de hostel en Kashan, e incluso nos ofreció una excursión al día siguiente de camino a Isfahán. Contratamos sus servicios para que nos llevase en coche hasta Isfahán, pasando por Abyaneh y Natanz, y nos desenvolvimos todos correctamente en una conversación amable en inglés básico. Él se mostraba orgulloso de su «fama» como guía turístico.

Mujeres en el metro de Teherán
Metro de Teherán · línea 1.