Lo que nos encontramos allí
Irán no deja indiferente a nadie. Nada más llegar al aeropuerto empezamos a descubrir las diferencias respecto a occidente, no por ser un país árabe o musulmán, sino por ser una dictadura.
En cuanto el avión aterriza todas las mujeres del avión, independientemente de su nacionalidad, se cubren los cabellos con un hiyab, el pañuelo que cubre el pelo y la cabeza; a partir de ese momento sólo se lo pueden quitar en la intimidad del hogar, o en nuestro caso, en la habitación del hotel. Ruth se colocó un pañuelo al cuello y bajó del avión con el cabello al descubierto, queríamos saber hasta dónde podría llegar. No llegó muy lejos. En el autobús que nos llevaba a la terminal, una chica se le acercó amablemente y le dijo en inglés: «Sé que es incómodo para ti, pero es mejor que te cubras la cabeza. Es para que no tengas problemas».
Mientras esperábamos en la cola para pasar el control de pasaportes y sellar la entrada al país, no podíamos dejar de observar a la gente. Ningún atuendo fuera de lugar. Todas las mujeres con pañuelos y con mangas largas y faldas o pantalones hasta los tobillos. Todo por ocultar.
Poco después de pasar el control de seguridad, vimos que prácticamente todos los viajeros nacionales —a nosotros nos dejaron pasar sin problema— eran registrados. El control de seguridad ya había pasado, era el momento de salir del aeropuerto. Más tarde nos enteramos de que ese registro era para comprobar que nadie introducía alcohol en el país, una de las prohibiciones del régimen.
Otra de las sorpresas nada más llegar es la amabilidad de la gente, en este caso sorpresa positiva. Ya lo hemos comentado, y la verdad es que seguiremos hablando de la gente de Irán, pero te sorprende que cualquier persona que te encuentras esté dispuesta a ayudarte sin pedir nada a cambio. Al fin y al cabo somos turistas y en casi cualquier país del mundo nos intentarían ayudar a cambio de unas cuantas monedas. En Irán no es así, la gente te ayuda desde el primer momento sin pedir nada más a cambio que tu agradecimiento y como mucho un poco de conversación si saben hablar inglés, y noticias del exterior si te encuentras fuera de las grandes ciudades.
Si continuamos nuestro repaso a Irán, pasando del país a la población, lo que nos encontramos fue la amabilidad hecha persona. La gente que nos ayuda en los transportes públicos, cómo todo el mundo pregunta constantemente si estamos bien y si nos está gustando su país, siempre que puedan te invitarán a un té —cuidado, que siempre quema—. Sorprende ver cómo toman el té hirviendo. A veces, vierten el té en el platillo que te ponen debajo del vaso y beben directamente de él, curioso sistema para enfriarlo y no quemarse la lengua. Esta escena siempre la vivirás entre risas de los lugareños viendo cómo los extranjeros hacemos una especie de baile con las manos para no quemarnos ninguna parte del cuerpo.
Poco a poco, y a medida que vas descubriendo la ciudad, paseas por mercados o descubres pequeños pueblos, te das cuenta de que debajo de esos chadores negros, las mujeres, como en cualquier lugar del mundo, se preocupan de ir perfectamente arregladas. En Teherán se ven sobre todo bolsos, calzado o gafas de importantes marcas extranjeras. Por otro lado, los hombres van igualmente arreglados.
Nos llamó la atención la cantidad de chicos y chicas que, sobre todo en la capital, nos encontrábamos con la nariz vendada tras pasar por una operación de cirugía estética. Los veíamos con las características tiritas de haber pasado por una rinoplastia. No por nada Irán es el país del mundo donde se realiza anualmente un mayor número de rinoplastias, más de 200.000, y es un gran consumidor de cosméticos. De hecho, el gobierno también ha intentado tomar cartas en el asunto, en principio sin mucho éxito, llegando hasta a prohibir los peinados «satánicos» y la depilación masculina de cejas por alejarse de los cánones islámicos.
La globalización, además de llevar a Irán productos de belleza o costumbres occidentales como la obsesión por el físico, también ha dejado en los últimos años cantidad de locales con nombres similares a grandes cadenas de hostelería de los Estados Unidos: cafeterías, hamburgueserías, boutiques, primeras marcas de ropa o coches carísimos. Odiarán a los Estados Unidos, o al menos eso es lo que su gobierno les dice que deben hacer, pero el consumismo y el marketing llegó a Irán para quedarse.
Pasead a cualquier hora, da lo mismo, disfrutad de cada rincón, mezclaos entre la gente, no tengáis miedo, entrad en las mezquitas, sed educados y, si tenéis dudas, preguntad antes; la mayoría de las veces con una simple mirada sabrás si eres o no bienvenido.
La Ashura, en pleno viaje
Coincidiendo con las fechas de nuestro viaje llegamos a Irán en plenos preparativos de la Ashura, la principal festividad del chiísmo, en la que conmemoran la muerte de Husayn en la batalla de Kerbala con procesiones y festejos por todo el país. Durante nuestro viaje tuvimos la suerte de poder asistir a diferentes procesiones en distintas ciudades, entrar a algunas mezquitas durante los preparativos y disfrutar de las representaciones por personas del pueblo de la batalla de Kerbala. Incluso en Qom, dentro del Mausoleo de Fátima, pudimos asistir a una de las mayores representaciones que hemos visto en los días previos a la Ashura con familias enteras disfrutando de ella.
Sobre las procesiones sorprenden las cadenas con las que simulan golpearse la espalda. Aunque minoritariamente, porque se prohibió hace unos años, en algunos pueblos de Irán aún siguen flagelándose con grandes cadenas o golpeándose la cabeza con espadas hasta sangrar abundantemente como señal de duelo, ya que a Husayn lo mataron golpeándole con un arma en la cabeza.
Al final, no deja de recordarte a algunos rituales de la Semana Santa que conocemos en España.
Rutas de viaje
Nosotros comenzamos y terminamos nuestro viaje en Teherán. Reservamos un par de días al principio y al final para disfrutar de la capital y gran ciudad del país y viajamos en distintos medios de transporte hacia el sur.
Nuestro transporte principal fue el autobús público. La red de autobuses iraní es muy fiable y sus precios son muy baratos. También contratamos excursiones en coche con chófer, una buena experiencia a un precio muy asequible. En Shiraz, la última ciudad que visitamos antes de regresar y dar por finalizado el viaje, compramos los billetes de avión que nos llevarían en apenas una hora hasta Teherán.
Viajar en vuelo doméstico por Irán es cómodo e increíblemente barato, precios que rondan los 40 € por trayecto y que puedes reservar de un día para otro en agencias locales, de manera muy sencilla. No puedes hacerlo por Internet desde el extranjero, pero no hay ningún problema para conseguirlos sobre el terreno.
Desde Teherán viajamos hacia el sur pasando por Qom, Kashan, Isfahán, Yazd y Shiraz. En cada una de estas ciudades nos quedamos entre uno y cinco días, aprovechando los traslados para visitar algunos pueblos a nuestro paso como Abyaneh, Natanz, Chak Chak, Kharanagh y Meybod.
Desde el norte del país al sur puedes encontrar diferencias importantes tanto climáticas como paisajísticas. El norte de Irán, que hace frontera con Turquía, Armenia y Azerbaiyán, es montañoso, de clima más frío y húmedo con montañas de hasta 5.610 metros de altura y la cordillera de los montes Elburz, una zona perfecta para disfrutar del trekking. Totalmente diferente al Irán interior, con ciudades como Yazd, llamada «la puerta del desierto», donde el ocre es el color predominante. Y por último el sur del país, con el golfo Pérsico y su puerto en Bandar Abbás, una de las ciudades que nos quedamos con muchas ganas de conocer.
Teherán, una ciudad sorprendente
Teherán te acoge y sobrepasa. Es una ciudad de más de 12 millones de personas, que en días laborables puede incrementar sus habitantes en cinco millones de personas, que se desplazan para trabajar en la gran urbe. Dinámica y con visibles diferencias, Teherán son muchas ciudades en una.
En el sur de la ciudad nos encontramos con el Gran Bazar de Teherán, que siempre ha jugado un papel muy importante en las decisiones que influyen en la economía de la ciudad y el país. Es imprescindible visitar el Gran Bazar, el más grande del mundo, y vivir el dinamismo comercial. Son diez kilómetros de pasillos por los que te puedes perder perfectamente y que están separados por las secciones dedicadas a diferentes productos: comida, ropa, oro y por supuesto… ¡alfombras persas! Si estás acostumbrado a ver zocos y bazares en otros lugares, este no te resultará especialmente bonito. Para nosotros el bazar más hermoso es el de Isfahán.
Cerca del Gran Bazar hay varios museos de interés. La UNESCO declaró el Palacio de Golestán patrimonio de la humanidad. El Museo Nacional de Irán posee un buen resumen de la cultura iraní, con piezas notables del antiguo imperio Persa y con una reproducción del Código de Hammurabi. El Tesoro Nacional de joyas es muy interesante: tiene una amplia colección que te hace imaginar los dispendios de aquellas dinastías reales.
El sur de la ciudad es la parte más pobre de Teherán. Cuando visitas el norte, estás en otra ciudad diferente, más rica y moderna. El transporte público es moderno y barato, pero no evita el abuso del coche que hace que el tráfico sea disparatado. Una de las razones de ese abuso es el ridículo precio de la gasolina en Irán, de aproximadamente 0,10 €/litro en 2016. Esta es una de las razones por las que los iraníes tienen poca conciencia ambiental.
Acercarse a la zona universitaria es totalmente recomendable. La Universidad de Teherán es la más importante de Irán. En la avenida Enghelab se encuentra el campus de Pardis, el más antiguo y conocido. Pasear por esa zona, repleta de librerías, es una maravilla.
Y si queremos respirar aire fresco y ver la ciudad desde las alturas, nada mejor que ir hacia el norte: sin salir de Teherán se puede subir incluso a una estación de esquí por encima de los 4.000 metros de altitud. En la falda de los montes Tochal es donde están las casas de la gente adinerada. El complejo de Sadabad es un impresionante conjunto de palacios en 300 hectáreas de bosques, donde se puede comprobar la vida de lujo que llevaban los últimos shas de Persia.
Otro lugar con mucho interés son los muros de la antigua embajada de EE.UU., donde se desarrolló la conocida «crisis de los rehenes». El 4 de noviembre de 1979 un grupo de manifestantes, mayoritariamente estudiantes, tomaron la embajada estadounidense y tuvieron secuestrados a 66 diplomáticos y ciudadanos hasta el 20 de enero de 1981 (444 días). Para conocer la historia de esta crisis, es recomendable ver Argo, la película de Ben Affleck —y está prohibido exhibirla en los cines iraníes—.
Street art o los murales contra USA
Para llegar a este lugar puedes coger el metro y parar en la estación de Taleghani. En cuanto salgas te toparás con un «Down with USA» que te señalará que estás en el destino correcto. Por cierto, este es el único sitio donde encontramos este tipo de murales —y son parte de la historia—. No vimos nada parecido en todo nuestro viaje y no notamos que hubiese un fuerte sentimiento antiamericano.
Camino a Qom: la capital religiosa de Irán
Quisimos conocer la capital y el corazón del Irán conservador —y esto es mucho decir—. A 130 kilómetros hacia el sur en autobús se encuentra Qom, una de las ciudades sagradas de Irán.
Cogimos el autobús en la estación sur de Teherán. El transporte en bus es muy barato y eficaz: por 70.000 riales (1,80 € al cambio en ese momento) nos pusimos rumbo a Qom. Además, nos dieron un picnic de desayuno con galletas y zumos. Aquello nos sorprendió.
Cuando vas llegando y observas el Mausoleo de Fátima —que es lo que hay que visitar en Qom— te haces a la idea de la importancia del lugar. Dos ciudades son sagradas en Irán: Mashhad y Qom, donde se ubica el sepulcro de Fátima al-Masuma, hermana del Imán Reza (798-816 d.C.). La ciudad es el centro mundial de los estudios islámicos chiítas y el corazón conservador de Irán: en esta ciudad comenzó la oposición al régimen del sha, con Jomeini a la cabeza.
Llegamos a Qom un viernes tarde, pocos días antes de la celebración de la Ashura. Si el ambiente en Qom está siempre impregnado de religión, esos días aquello era más espectacular. Miles de personas entraban en masa al Mausoleo de Fátima.
No tuvimos ningún problema para entrar. Tuvimos que hacerlo por puertas separadas: la puerta por donde entran los hombres y la de las mujeres. Las señoras que vigilaban la puerta pararon a Ruth y le pusieron un chador y así, correctamente vestida, pudo entrar. El mausoleo es realmente sorprendente. Nosotros además disfrutamos de unos momentos únicos, observando cómo rezaban, cantaban, lloraban… En Qom hay que ser especialmente sobrios con la vestimenta, es el lugar donde más chadores negros vimos.
Los Reyes Magos vienen de Kashan
Kashan significa «azulejo». Es uno de los primeros lugares de concentración de la civilización prehistórica en Próximo Oriente y la segunda ciudad habitada más antigua del mundo. Una de las mayores atracciones de Kashan son sus casas tradicionales: en el siglo xix los ricos comerciantes construyeron casas palaciegas. Comenzamos por una visita a Khan-e Boroujerdi, una casa construida en 1857 que tardó 18 años en construirse.
La visita al Hammam-e Sultan Amir Ahmad, también conocido como Baño de Qasemi, fue una de las que más nos gustó. Es un balneario público tradicional construido en el siglo xvi, durante la era safávida. Es muy grande, alrededor de 1.000 metros cuadrados, y consta de dos partes principales: «sarbineh» (el vestuario) y «garmkhaneh» (la sala de baño caliente). Sarbineh es una gran sala octogonal que tiene una piscina, decorada con azulejos de color turquesa y oro.
Dicen que de Kashan partieron los Reyes Magos siguiendo la estrella que les llevó hasta Belén. Lo creas o no, Kashan tiene un buen bazar donde puedes encontrar el precioso caravanserai de Khan Amin al-Dowleh Timche, los antiguos hoteles de carretera donde las caravanas de comercio podían descansar y reponerse.
A las afueras del centro histórico se encuentra el Jardín de Fin, por donde puedes dar un paseo por un auténtico jardín persa, el más antiguo de Irán. Destaca la presencia de canales y piscinas revestidas de azulejos turquesa. El agua se origina en los acuíferos de las montañas Karkas y es llevada por un acueducto subterráneo llamado «qanat». El sistema de riego mediante túneles forma parte del Patrimonio Agrícola Mundial.
Abyaneh, las mujeres de los pañuelos con flores
Abyaneh es uno de los pueblos más bonitos que visitamos: antiguas casas de adobe rojizo con grandes balcones de madera y estrechas callejuelas de la misma tierra rojiza. Una de las primeras cosas que nos llamaron la atención es que las mujeres no visten el típico chador negro, sino que llevan floridos y coloridos pañuelos.
En Abyaneh sobreviven algunos de los estilos tradicionales de vida, desde la costumbre de usar el «abyanaki» tradicional —una bufanda larga blanca con coloridos diseños florales— hasta el dialecto local, que conserva elementos de la antigua lengua persa. Actualmente, Abyaneh tiene una población que no supera los 300 habitantes; antes de la guerra Irán-Irak, superaba los 2.500.
Un pueblo donde el tiempo parece que se paró hace mucho.
Esfahan, nesf-e jahan: «Isfahán es la mitad del mundo»
Dicen los iraníes que Isfahán es la mitad del mundo. Lo decían los viajeros que llegaban a ella en el siglo xvii porque aseguraban que cuando se estaba en aquella ciudad ya se había admirado la mitad de las maravillas de la tierra. No les faltaba razón.
Afirman de la Plaza de Naqsh-e Jahán (Meidan Emam o Plaza Real) que además de ser una de las plazas más grandes del mundo, es una de las más bonitas. Construida por el sha Abbas I el Grande a principios del siglo xvii, está flanqueada por la mezquita Real, la mezquita del jeque Lotfollah, el magnífico pórtico de Qeyssariyeh y el palacio timúrida del siglo xv. Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Después de perderse por el Gran Bazar, se recomienda recuperar fuerzas con un delicioso vaso de helado de vainilla con zumo de zanahoria, mientras observas cómo las familias se reúnen en la plaza. El atardecer en la plaza tiene algo mágico.
Si te adentras en la mezquita del jeque Lotfollah, a través de un oscuro pasillo, descubrirás una de las cúpulas más espectaculares que jamás verás. Su centro posee un efecto «pavo real»: poniéndose de pie en la puerta del salón interior mirando hacia el centro del domo, se podrán ver los rayos del sol entrando por un ojo que pretende representar la cola de este.
La mezquita del Imán Jomeini es una de las mezquitas más antiguas aún en pie en Irán. En la plaza también se puede visitar el palacio de Ali Qapu, con una terraza con dieciocho columnas de madera (tālār) y, en el sexto piso, una sala de música decorada con nichos circulares con fin decorativo y acústico.
Cerca de la plaza se encuentran los jardines y el Chechel Sotun (Palacio de las 40 columnas), con un precioso jardín persa. La entrada es un elegante tālār con 20 columnas —debemos imaginar el reflejo en el estanque que daría las 40 columnas que tiene por nombre—. La sala de audiencias está decorada con pinturas murales, con dominio del azul cobalto, el rojo escarlata, el verde esmeralda y el oro.
Para la UNESCO, el jardín persa representa una obra maestra del genio creativo humano. La palabra paraíso entró en las lenguas europeas desde la palabra persa «Pardis», nombre de un hermoso jardín cerrado detrás de las paredes. Así que no lo olvidéis: estáis paseando por el paraíso.
Donde en otros tiempos hubo un río, ahora queda un lecho seco y unos magníficos puentes. El bello Puente Khaju tiene 132 metros de largo, 24 arcos y dos pisos. Fue construido como presa y como lugar de recreo. La acústica del puente es muy buena y los varones vienen a cantar antiguos poemas persas. Las mujeres no pueden hacerlo: en otra de sus absurdas leyes, ellas tienen prohibido cantar solas en público.
Si-o-Seh Pol significa «puente de los 33 arcos». Os recomendamos asistir a un atardecer entre los puentes, os quedaréis con un recuerdo imborrable.
El barrio armenio
En Isfahán existe un legado armenio que debes visitar: el barrio de Nueva Jolfa. Quizás el tesoro más importante de este barrio sean sus trece iglesias del siglo xvii. La más famosa, la catedral de Vank, es visita obligada: una mezcla de arte iraní y arte renacentista italiano. La comunidad armenia llegó a Isfahán en 1604 a instancias del sha Abbas I y desempeñó un papel clave en el apogeo del Imperio safávida.
Yazd, la Puerta del Desierto
Donde los desiertos de Kavir y Lut se juntan se encuentra una de las ciudades más antiguas y con mayor encanto de Irán. La ciudad está construida sobre un oasis en el límite anterior del desierto de Kavir. En los tiempos de la Ruta de la Seda, esta era la última parada antes de enfrentarse a las salinas.
Los colores de Yazd son ocres, amarillos, marrones. Subir a los tejados en Yazd es obligatorio: la vista de las terrazas al atardecer se queda grabada en la retina. Observarás las cúpulas y, sobre todo, podrás admirar sus conocidas «Torres del Viento» (badgirs), un sistema antiguo y natural de aire acondicionado.
La cuna del zoroastrismo
El zoroastrismo es una de las religiones monoteístas más antiguas del mundo. Fue fundada por el profeta Zoroastro en el antiguo Irán hace aproximadamente 3.500 años. Era la religión oficial de Persia (Irán) del 600 a.C. al 650 d.C. Los zoroastrianos creen en un dios llamado Ahura Mazda y sus máximas básicas son: Humata, Hukhta, Hvarshta —«buenos pensamientos», «buenas palabras», «buenas acciones»—.
En Yazd debemos visitar el Ateshkadeh, el templo sagrado del zoroastrismo, donde se encuentra el «fuego sagrado» que se supone que lleva encendido desde el año 470 BCE.
Excursión a Chak Chak, Kharanaq y Meybod
Uno de los días contratamos a un chófer para hacer una excursión. Visitamos Chak Chak, el más sagrado de los santuarios de montaña zoroastrianos. Kharanaq es un pueblo fantasma, una ciudad de adobe con calles laberínticas y viviendas deshabitadas. En Meybod visitamos el castillo de Narin, un caravanserai y una antigua «casa de hielo» de 400 años, donde el agua se congelaba en invierno gracias a muros de dos metros de grosor.
Shiraz
Shiraz es una de las ciudades principales del sur del país. Su principal interés para el turismo es su cercanía con Persépolis, Pasargada y Naqsh-e Rostam. La mezquita Nasir ol Molk, o mezquita Rosa, es uno de los edificios más bellos de Shiraz: vidrieras coloreadas y azulejos rosados hacen que en un día soleado la estancia en el interior sea como estar dentro de un arcoíris. Una buena idea es visitarla por la mañana.
El mausoleo de Shah Cheragh, «rey de la luz», es uno de los lugares más importantes de peregrinación en Shiraz. Es el hogar de las tumbas de los hermanos Ahmad y Muhammad, hijos del séptimo imán Musi-Kadhim, que murieron aquí en el año 835 d.C. La tumba está cubierta con millones de piezas de vidrio. El resultado es algo realmente llamativo y único, es como si estuviéramos en el interior de una bola de discoteca.
Naqsh-e Rostam y Persépolis
La antigua necrópolis de Naqsh-e Rostam tiene enterrados a cuatro reyes aqueménidas: Darío I (522-486 a.C.), Jerjes I (486-465 a.C.), Artajerjes I (465-424 a.C.) y Darío II (423-404 a.C.). Las tumbas se denominan coloquialmente «cruces persas». La Ka'ba-i-Zartosht («cubo de Zoroastro») se encuentra frente a las tumbas; hoy se cree que su uso más probable fuera el de tumba real aqueménida.
Si hay una visita obligada en Shiraz es la de Persépolis, las ruinas de la capital del entonces poderoso imperio Persa, datan del año 515 a.C. Persépolis debió de ser una ciudad magnífica antes de ser arrasada por Alejandro Magno en el 330 a.C. Saliendo de la Puerta de Todas las Naciones se encuentra el palacio apadana, la sala principal de los reyes. La segunda estructura más grande fue el Salón del Trono, o «salón de las Cien Columnas».