Qué ver en Yakarta y cómo moverse
Yakarta no tiene grandes monumentos y casi todos los viajeros solo pisan su aeropuerto. Aun así le dedicamos dos días al llegar y otro al final del viaje, y con esto os podéis mover por ella sin perder tiempo.
Viajamos a Indonesia en septiembre de 2024, con un cambio medio de 17.000 rupias por euro.
Aterrizar: visado, dinero y datos
El visado a la llegada se saca en el aeropuerto y no lleva ni veinte minutos si vais de los primeros. Un aviso: nuestra tarjeta bloqueó el cobro, así que lo pagamos en euros. Además hay que rellenar un formulario online, con la wifi del aeropuerto, para declarar que no traes nada.
Y aquí va el consejo que ya nos había hecho falta en Vietnam: llevad los billetes de euro lo más nuevos posible. En los bancos y al pagar el visado rechazan los muy usados o con roturas pequeñas.
Para el dinero, cambiamos 500 € en un banco a 16.900 rupias y salimos con un fajo considerable. Días después, en Yogyakarta, descubrimos que las casas de cambio dan mejor cambio que los bancos, así que no os empeñéis en ir al banco.
Para los datos, en cualquier centro comercial hay tienda de Telkomsel. 50 Gb para 28 días por 90.000 rupias, unos 5,30 €. Es lo primero que hicimos y no volvimos a pensar en ello.
El transporte urbano: TransJakarta
Yakarta se mueve en TransJakarta, una red de autobuses urbanos con varias clases. La principal usa unas paradas elevadas, así que veréis buses con las puertas a un metro sobre la acera.
Necesitáis una tarjeta por persona: cuesta 50.000 rupias (unos 3 €) e incluye 15.000 de saldo. Se saca en máquina, y aunque están solo en indonesio, con los símbolos se entiende. Dos avisos prácticos: hay que meter el importe justo y los billetes tienen que estar en buen estado, porque si no la máquina los rechaza.
El viaje cuesta 3.500 rupias, unos 20 céntimos. Hay además líneas gratuitas que no son autobuses sino furgonetas con el número de línea pintado: nos costó entenderlo esperando en la parada un bus que no llegaba nunca. Se sube igual, se pasa la tarjeta y cobra cero.
La misma tarjeta sirve para el metro de superficie, que es como llegamos a la mezquita de Istiqlal el último día.
Para el trayecto desde el aeropuerto, y para cuando vais cargados, Grab. Han montado zonas de espera dentro de la terminal y personal que habla con los conductores por ti, que es una diferencia enorme respecto a otros aeropuertos de la zona. Desde el aeropuerto al centro se tarda más de una hora. Y si os apetece la versión local, los tuk-tuk siguen ahí.
Qué ver
Taman Fatahillah y Kota Tua. La plaza colonial holandesa y el barrio del norte son lo mejor de la ciudad y merecen un día entero. Lo contamos aparte en el día que Yakarta nos rodeó de niños, porque no es una visita, es otra cosa.
La mezquita de Istiqlal. Una de las más grandes del mundo, con capacidad para 125.000 personas. Impresiona por tamaño, pero lo interesante está fuera: justo enfrente tiene la catedral de Yakarta, y las dos están unidas por un túnel subterráneo llamado túnel de la amistad, que el Papa cruzó poco antes de que llegáramos. En un país de mayoría musulmana, esa foto lo explica bastante bien.
Glodok, el barrio chino. Nos equivocamos yendo de noche, porque está todo cerrado. Volvimos de día en el último día del viaje y entonces sí: callejones con actividad, puestos con animales que impresionan un poco (tortugas, anguilas, de todo) y un ambiente que no se parece al del resto de la ciudad. Los chinos, por cierto, no sonríen tanto como los indonesios.
Petak Enam. Dentro de Glodok, un mercado de comida cubierto con puestos que funcionan como restaurantes, mesas compartidas, música en directo y ventiladores gigantes. Perfecto para cenar cuando el calor ya no deja más.
Monas, el monumento nacional, y su plaza. Fuimos la primera noche y ya estaba cerrada, con una banda militar ensayando dentro. No os matéis por verlo.
Comer en la calle
En Yakarta se come muy bien y muy barato en los puestos. Nuestro primer nasi goreng ayam, arroz frito con pollo, costó 15.000 rupias, unos 90 céntimos, y estaba espectacular. Buscad las calles con puestos, que Maps las marca como zonas concurridas, y sentaos donde haya gente.
Sobre la cerveza, mejor bajar expectativas: no es habitual, muchos puestos no la venden (a veces te la compran ellos en otro sitio) y es cara comparada con la comida. Una botella grande puede costar más que la cena entera. Nosotros acabamos tirando de agua y de té helado, que se pide como es teh y engancha.
Cuánto tiempo dedicarle
Dos días está bien. No porque haya mucho que ver, que no lo hay, sino porque es la ciudad donde más nos habló la gente en todo el viaje. Si venís desde España con escala larga, es un buen sitio para pasar el jet lag antes de meteros en Java a fondo.