¿Por qué Irán?
A día de hoy, no creo que hayamos estado en ningún país que haya generado tanta polémica, miedo o incertidumbre como el que percibimos a nuestro alrededor cuando dimos la noticia de que nos íbamos a Irán. Tanto nuestras familias como amigos están acostumbrados a que nos vayamos de viaje, y después de más de una treintena de países se podría decir que no hay muchas cosas de las que hacemos que les llame especialmente la atención. Sin embargo, el anuncio de nuestro viaje a Irán no les dejó indiferentes.
Puede parecer extraño, pero nuestro viaje a Irán fue el regalo que nos hicimos para celebrar nuestro décimo aniversario como pareja. Probablemente muchas personas que lean esto pensarán que hubiéramos estado mejor en las Seychelles o en Cuba, pero a nosotros nos atraía la idea de conocer Irán, cuna de la civilización Persa, con un pasado reciente muy tumultuoso y con una realidad actual difícil de entender desde nuestra mentalidad occidental.
Irán es un país donde se vulneran derechos humanos fundamentales y en el que Ruth tuvo que viajar tapada de la cabeza a los pies —el velo es lo más evidente, pero no es el único requisito en cuanto a indumentaria—. Para hablar de estos temas hay organizaciones y organismos internacionales con legitimidad para tratar sobre ello. En este libro nosotros queremos dar a conocer el punto de vista de unos viajeros que se han encontrado un país con una riqueza patrimonial y cultural inmensa y con un pueblo muy acogedor, característica que destaca cualquiera que haya visitado la zona.
Como cualquier país, Irán es mucho más que las noticias que nos llegan.
Queremos mostrar el lado positivo: el inmenso patrimonio cultural, su riqueza natural y la gran hospitalidad de la gente que durante el viaje se mostraba interesada en saber lo que pasa fuera de Irán. No olvidemos que pese a la existencia de Internet, la información en Irán está controlada por el Gobierno. Las redes sociales como Facebook y Twitter están bloqueadas —no así Instagram, a la que se puede acceder sin problemas— y no todo el mundo tiene acceso o posibilidad de conectarse a Internet fácilmente.
Seguramente, si tuviéramos que quedarnos con algo de nuestro viaje a ese extraño país, sería con los ciudadanos persas. Con esas personas que sin hablar más de cuatro o cinco palabras de inglés, nos preguntaban qué tal nos estaban tratando en Irán, se preocupaban por que los viajeros nos fuéramos con una grata impresión de su país y de su gente.
Igual que en este libro hay dos puntos de vista para valorar un viaje a Irán, también hay dos caras diferentes del país: la de la dictadura islámica y los ayatolás, y la de un pueblo, el persa, con una cultura milenaria y unas de las gentes más acogedoras que nos hemos encontrado en nuestros viajes.
Otros viajeros ya nos habían contado algunas experiencias de viaje en este país y la información que recibimos por los medios de comunicación distaba mucho de lo que ellos nos contaban.
La mayoría de información que nos llega de ese país tiene que ver con la realidad de pertenecer a una dictadura islamista, la falta de derechos humanos, censura, discriminación hacia la mujer y el colectivo homosexual, encarcelamientos de periodistas, policías de la moral, etcétera. Al fin y al cabo, la República Islámica de Irán se rige por la sharía o ley islámica, que no es otra cosa que una serie de reglas de comportamiento y conducta relacionadas con una determinada y mala interpretación del Corán y del islam.
Las historias de los viajeros con los que hablábamos nunca se centraban en esto, solían hacerlo en una hospitalidad y amabilidad excepcionales de las personas que conocían en el camino y en las maravillas del país. Esta fue nuestra motivación para viajar y creemos que puede ser la de muchas otras personas. Por eso, vamos a centrarnos en lo que a nosotros nos despertó la curiosidad y las ganas de conocer una cultura distinta y ver lo bueno de las personas que allí viven, romper unos cuantos clichés que tenemos en la cabeza sobre este pueblo y descubrir una cultura milenaria, la persa, que una vez fue un gran imperio.
«¡Estáis locos!». «¡Yo ni loca me iría a Irán!». «¿Pero qué se os ha perdido a vosotros allí?». «¡Si están en guerra!»…
Estas fueron algunas de las frases textuales de nuestros familiares y amigos cuando les contamos que nos íbamos de viaje a la República Islámica de Irán. En parte, con la información que manejaban, tenían razón; pero nosotros manejamos además otro tipo de información, de gente que había ido allí y nos lo había contado, y quisimos comprobarlo en primera persona.
Así que decidimos ir a descubrirlo con nuestros propios ojos. Allá nos fuimos con la mochila al hombro y los preparativos justos con la primera noche de hotel reservada. Atrás dejamos a la familia preocupada; en ningún otro viaje hemos estado tan en contacto con ellos y amigos, y eso que resultaba complicado con las redes sociales Facebook y Twitter bloqueados por el Gobierno. Afortunadamente utilizamos WhatsApp, y siempre hay algún truco para saltarse la censura, pero no siempre resultaba fácil estar en contacto, por lo que la preocupación aumentaba.
Para que os quede claro desde el principio: Irán ha sido uno de los destinos más seguros por los que hemos viajado, aunque pueda parecer contradictorio.
Hemos viajado en transporte público, metro, autobús, etc., sin ningún problema, incluso la gente que estaba en las paradas de autobús o en el propio transporte nos ayudaba a llegar a nuestro destino, muchas veces a costa de perder ellos mismos su transporte e incluso alejarse bastantes paradas de la suya para acompañarnos. Todo con el único fin de ayudarnos, y con la dificultad añadida de que la mayoría no hablaba absolutamente nada de inglés. Nos hemos alojado en hostales económicos, hemos comido en sus restaurantes, hemos pateado sus calles, nos hemos perdido y nos han ayudado a encontrar lo que buscábamos. Nos hemos metido en mezquitas durante el rezo. Hemos visto cómo celebran la Ashura, una festividad religiosa islámica, y hemos hecho miles de fotos sin ningún problema. Sinceramente, ha sido todo bastante fácil.
Irán es un país desconocido con muy poco turismo. Desde luego ni la dictadura ni las noticias que nos llegan ayudan a que esto cambie. Tras la reciente firma del acuerdo nuclear y el fin de las sanciones y el bloqueo se ha mostrado como un país que quiere abrirse, con personas que quieren saber qué pasa fuera de sus fronteras y que los extranjeros conozcamos cómo son en realidad. El propio Gobierno quiere impulsar un plan para atraer al turismo, aunque de manera controlada, puesto que no disponen de una amplia infraestructura turística y tampoco creemos que los ayatolás quieran que la gente se «contagie» con esa apertura.
Nosotros creemos que el turismo sostenible puede ser un arma cargada de futuro contra esa dictadura infame. Por eso os animamos a conocer este país.
Como siempre, una cosa es el pueblo y otra el Gobierno. La gente iraní es el mejor descubrimiento de este viaje.